Amargo café
Volarían por los lados de Orito y Puerto Asís, le había dicho. La misión era capturar o dar de baja a alias “Macho”, líder de las disidencias de la guerrilla que operaban en la zona.
—¿Cuándo volverás? —preguntó su madre.
—Pronto… —confió él, despidiéndose con un beso en la frente.
Pasaron dos días. La mujer atendía las labores hogareñas pegada a la radio; el aparato disparaba andanadas de noticias perversas. En la tarde llegó la suya; la oyó en la cocina cuando se disponía a preparar un café negro. En el fogón, atacada en burbujas, el agua hirviente terminó evaporándose.