¿Quién tiene el poder?
—¡Celu, celu! —gritaba la pulga de cinco años revolcándose frente a la vitrina del almacén. Su mamá, avergonzada con el espectáculo de aquel berrinche, procuraba disuadirlo.
—Ven, bebé, ¿quieres un helado?
El niño respondió con un nuevo y desgarrado torrente de lágrimas que rodaron por el rostro encendido.
—¡Pipe tiene…! —insistía entre gemidos instándola a entrar.
Era cierto: Pipe tenía celular. ¿Acaso sus padres, pensó, eran más que ellos? Se arrodilló entonces, enjugó su carita, lo besó y abrazó luego.
Saliendo del almacén su rostro se iluminó: jamás se permitiría reconocer que ahora podría relajarse, desentenderse un poco de él.