Tu cara me suena
Entró decidido al hotel. El joven de recepción notó su presencia —el sombrero panamá, las gafas oscuras, el clavel incrustado en el ojal— justo en el recibidor.
—Buenos días, señor Dandy. ¿Durmió bien?
—Dame la llave —soltó una risita—, la de la caja de seguridad.
El mozuelo lo atendió con prontitud: recordaba el autógrafo que el famoso cantante le firmara al registrarse. Al llegar al casillero tomó las joyas, el dinero y se marchó deprisa.
Al rato, otro sombrero panamá salió del ascensor a recepción.
—Pero, ¿qué dices, muchacho? —exclamó el señor Dandy perplejo al reclamarle el joven la llave.