Chocolatina blanda
—Vamos al zoológico —insistía— por el jabalí.
Antes había pedido ir al acuario por la mantarraya, al jardín botánico por la secoya, al planetario por la nebulosa negra.
—Un caso precoz —dijo el médico (con cincuentainueve, papá aparentaba setenta). El profesional recomendó seguirle el juego.
El cerebro de papá es ahora un álbum de láminas que se repiten en la memoria. Llenó tres, de Historia Natural en el colegio. Una proeza.
—La tengo, no la tengo —repetía, mientras pasaba caramelos imaginarios entre los dedos—. ¡Casi lo lleno! —sus ojos brillaron—. Me falta el jabalí… ¡Y el brontosaurio!