Entrañable mascota
Lo tenían desde que era una bolita rosada que correteaba por la casa lanzando chillidos dulces. Los atrapó su mirada tierna, sus enormes orejas y esa cola de tirabuzón.
Creció rápidamente, ya estaba gordo y desteñido al llegar diciembre. Entonces, alertados por el abuelo, los niños lo escondieron en un sitio que nadie pudiera imaginar. Tanto así que, para la Nochebuena, un pavo debió “pagar los platos rotos”.
Pero el robusto animal dio la alarma con sus inocentes berridos y antes de Año Nuevo ya estaba condenado. Con un berrinche los niños se negaron a cenar aquella noche del 31.