Libérame
El otro día en tu ausencia, obligado a reclusión, ese monstruo perverso a quien llamas hijo me tomó por blanco y de sorpresa: trepó a un banquillo y con un pitillo hecho cerbatana disparó y disparó sin importar mi indefensión. La nena, presurosa, salió en mi ayuda, y en la contienda estrepitosa cayó ese que dices mi hogar. Con un inmenso porrazo al suelo fueron a dar agua, mostaza y semillas y mi corazón a reventar. A tu regreso no hubo un azote, ni reprimenda siquiera como si yo no existiera más que en el momento de mi inspirado cantar.