El perseguido
Debía esconderse o lo fregaban, muchos pagaban por verlo desaparecer. Reincidente inmemorial, traía consigo crímenes muy sucios. Esa noche, viéndose atrapado, se coló por el patio trasero de una casa. Para despistarlos se ocultó en la lavadora: era tan pequeño… A ver cómo salgo limpio de esta, pensó. Al día siguiente fueron por él; un soplón al que llamaban “jabón” lo delató. Llamaron a la puerta. Entraron. Al parecer allí estaba, pero “el mugre”, una vez más, volvió por las suyas: todo fresco, se extendía a sus anchas en el tendedero, hábilmente camuflado en despercudidas y aromatizadas ropas.
Cuento finalista Primer Concurso Nacional de Microrrelatos
Fundación Haceb 2019