Esto me hizo volar
Un insecto extraño, de alargado abdomen y alas enormes, casi invisibles, misteriosamente ágiles en su incesante agitar, apareció de pronto. Yo inventaba pinceladas, maquinaba pensamientos recostado en un frondoso árbol. El animal se quedó suspendido en el aire, quieto frente a mi como tramando algo. Luego giró de improviso, se desplazó veloz en línea recta y se detuvo en seco, de acá para allá como alocado en diferentes direcciones. Parecía hilar una constelación de estrellas imaginarias.
—¡Leonardo! —gritó mi madre, maldigo el momento, justo ahora que comenzaba a plasmar en mi mente el bosquejo de una ingeniosa máquina de volar.