Matoneo
Gorda, le decían sus hermanas muertas de la risa en la casa en Villa Hermosa. Gorda, los maestros en las aulas; en el patio, las colegialas perversas. Gorda, intuía en las miradas de los santos en la Sagrada Eucaristía. Gorda, por La Playa, contoneándose con modorra; en la tienda de ilusiones de don David y doña Flora.
Y perdió la cabeza. Se marchó sin dejar razón. Jamás volvió por la casa, por la escuela, por la iglesia. Ahora le admiran sus voluminosas formas, la postura imponente; voluptuosa e indolente toda ella, en el Parque de Berrío, trepada en su pedestal.
Cuento finalista
“Medellín en 100 palabras” (2018)