Lluviecita
Cómo saltaba, cómo corría y disfrutaba esa niña. «Lluviecita», le decían, por su natural delicadeza, su manera silenciosa de llorar; todo lo impregnaba de magia, de frescura. Era hacendosa en el hogar, competente en la escuela. ¿Alguien que no la quisiera? No. Él, por supuesto, a su manera.
Linda lucía «Lluviecita» con su uniforme de rayas azuladas, las trenzas inquietas, las pecas coquetas. Resguardándose todos los días, él la observaba salir.
Se veía feliz, siempre acompañada, jugando a la golosa o con muñecas antes de marcharse a casa. Hasta que un día el viento la arrastró consigo para jugar escondidas.