Epílogo
Cae la cinta de una maratón gozosa y promiscua que logró la meta de narrar cien historias en cien palabras exactas. Gozosa por la libertad de imaginar mundos, recrearlos o al menos pretenderlos. Promiscua por la mezcla imprevista de nutrientes que fueron hálito de vida.
Concebidos de madrugada, algunos de estos relatos tuvieron por progenitora a la radio, fiel compañera que intima conmigo en prolongados desvelos. Otros tropezaron en mi camino, surgieron de lecturas que se alzaron sediciosas en imágenes o rodaron fantasiosos e imprevistos.
Retazos de mundo bien dispares que habrán saldado, confío, el interés de unas neuronas inquietas.