Cuento para no contar
Mateo contaba los días faltantes para navidad: «Mira, papi —decía, sus dedos juguetones—: faltan cinco, cuatro, tres…». Su alma inocente, resguardada en un cofrecito, aguardaba impaciente. No podía desprenderse del carro de bomberos color sangre de aquella vitrina, con su escalera giratoria extensible, las luces parpadeantes y una sirena agorera; lo había pedido al Niño Jesús. Ya se veía tomándolo en sus manos, luciendo orgulloso el casco de comandante.
Llegó el 24 y Mateo, aullando como sirena, correteaba por toda la casa. En la noche, antes que el Niño, llegó la pólvora. Ahora la sirena enmudece en la caja.