La vidente
Cuentan de un conquistador que quedó conquistado. Sus ojos, encumbrados ya en la cima luego de superar mil terrenos agrestes, miraron al fondo ese valle partido en dos por un río; se admiraron de aquellas tierras resguardadas por imponentes montañas como singular fortificación.
La vidente, imprescindible en el grupo que lo secundaba y virtuosa para el vaticinio y la imaginación, se adelantó y alzó la mano como acariciando el valle en toda su extensión. Sus ojos cerrados vieron arrieros, obreros, gentes laboriosas; viviendas, carruajes, vías trazadas, industrias crecientes…
—Aquí, capitán…
Cuentan que su espíritu visionario aún resuena en el valle