Abducción
Despierto temprano, el cuerpo se resiste, con dificultad puedo levantarme. Creo haber dormido profundo. ¿Por qué este cansancio?
El espejo del baño delata unos ojos vidriosos. Noto en la palma de mi mano tres lunares que forman un triángulo —jamás estuvieron allí—. Los enjuago varias veces con jabón pero no desaparecen. Necesito aire, camino a la ventana.
Afuera está oscuro, la calle desierta, la lámpara titila azarosa. Un ser increíblemente alto, mimetizado en la penumbra, me atrapa en su mirada. Escucho un zumbido aterrador: tres haces de luz enormes caen del cielo. No sé por qué salgo en piyama.