Humanos tan olímpicos
De nuevo, como todos los días, regresan las olimpíadas domésticas.
La licuadora, con sus tres posiciones, destaca una vez más en las competiciones de velocidad. Sin mayor resistencia, la estufa deslumbra en las pruebas de fondo. La lavadora se luce en los ciclos de nado sincronizado de las ropas. Fuera de competencia, el televisor domina omnipotente atrayendo glorioso las miradas.
Sin embargo, como en cualquier competición, ha de haber perdedores; como el refrigerador, que llora derrotado sus nieves derretidas por el suelo. Y es que, de repente —aun avisados—, todo quedó en tinieblas. Como al principio de los tiempos.