Las carnes
El bus rompía las calles con el motor revolucionado en segunda; el arriero, retrasado, nos seguía. Un furgón de transporte de carnes nos rebasó en la avenida del ferrocarril, donde serpentea cerca del río. El espejo exterior se frunció conmigo. Y empezó la lucha.
El busero metió tercera y cuarta sin recato. Al fondo, en el paradero, un desprevenido grupo de personas aguardaba. Los motores rugían, las trompas de lata forcejeaban, las manos crispadas en las sillas.
Desbocado, el furgón tomó ventaja cerrándonos. Los ojos del busero no pudieron evitar el espanto al ver esparcidas las carnes en el paradero.