La otra lluvia
Un primer golpe de una arriesgada gota se expandió en el recinto con un eco asombrado; las otras se vinieron en masa. El eufórico aguacero decreció y se mantuvo así, casi llovizna. Puestos en pie reclamaban su presencia, el ambiente caldeado no daba espera.
Cuando regresaron se avivó con fuerza aquella lluvia acompañada de relámpagos y vistosas exclamaciones de júbilo. Progresivamente descendió, al retirarse orgullosa la contralto ceñida de negro y tocado, seguida presurosa por la diva que arrojaba chispas y taconeaba al caminar. La lluvia en los palcos y en platea cesó. La tormenta, en el camerino, apenas comenzaba.