Asesinatos, torturas y desapariciones
Como no me gusta, borro de un tajo y decidido esa palabra que se interpone en mi discurso. Tacho la otra con violencia hasta que la tinta parece sangrar. Luego, más sofisticado, utilizo la tecnología: selecciono, doy «suprimir» en el teclado y listo, todo un bloque de texto, a veces párrafos enteros se esfuman sin rastros ni remordimientos.
Ahora puedo pasar tranquilo la página y seguir escribiendo, qué sé yo, barbaridades, mientras acumulo volúmenes de palabras sangradas que gobierno a mi antojo. Al leer el relato ya depurado, lamento que en la vida real haya quien escriba cuentos tan perversos.