Vals del minuto
El piano fluía con rapidez; un impulso irrefrenable del momento, pues ahora la inspiración andaba tras él.
Las notas hacían pensar, por su ligereza, en un remolino alocado pretendiendo escapar de sí mismo. La endiablada melodía se negaba a morir, como una peonza que no obstante girar y girar al fin se doblega.
Ante la continua interrupción provocada por las expectoraciones, el artista debió detenerse; su pañuelo quedó impregnado de un rojo escarlata. Luego de toser un minuto, más relajado, bebió agua. Al ponerse de pie miró atrás, mofándose del perrito que, girando como loco, aún intentaba morderse la cola.