La noche estrellada
a van Gogh
—Voy a pintarte —suspiró arrebatado.
Parado en la ventana miraba al cielo, la mirada perdida en espirales profundas. Su cerebro convulsionaba agitado, quizás, por un retorcijón.
»Escaparé adonde estás, luna alucinante que atrapada en estos barrotes pareces girar. Mañana huiré, cruzaré el dorado trigal y los cuervos me acompañarán en mi travesía a las estrellas. Colgado de una de ellas pintaré de amarillos, de violetas y de azules la tierra. Bajaré un instante a la terraza del café, beberé un vino con Gabrielle, contemplaré de nuevo un girasol, pintaré un autorretrato, el puente, las casas silenciosas…
La tristeza durará siempre.