El hombre de la autopista
Me detuve al verlo: Caminaba solo, de espaldas, peligrosamente por el borde con un morral al hombro. Su pulgar indicaba que urgía un empujón. Le pregunté quién era.
—Solo necesito que me lleve. Por favor…
—Vamos —dije.
Parecía enfadado. No contestó ninguna de mis preguntas indagando por su nombre, qué le ocurría o adónde iba. Me pudo la inquietud, así que decidí entregarlo en la estación de policía, seguro ya andarían tras él y evitaría problemas. Cuando llegamos bajé del auto y arrimé a su ventana.
—Te has fugado, ¿verdad?
Los ojos del chico se apocaron. Sus padres vinieron después.