Cielito lindo
Te pegas incrédula y detallas el panorama agreste, los surcos, la piel tostada, el envejecimiento prematuro que grita el espejo; ves tu mirada hecha una nebulosa negra, como tus ojitos, cielito, llena de incertidumbre. Marchas a la época de la Sierra Morena, a tu infancia de pena —canta y no llores—, al azadón que se agita bajo el azote del candente sol. Y arañas porfiada la tierra, tus uñas rastrillan la piel maltrecha. Observas con aprensión ese lunar que tienes junto a la boca, y que ya no alegra los corazones. Ay, ay, ay, ay… Cómo ha crecido, piensas.