«Fiesta» brava
Fue impactante. Al entrar al ruedo sentí el embate, la incomprensible exaltación que estalló de pronto en los tendidos y gradas de la plaza. Entré a empellones, tironeado por los desmanes en los corrales. Me vi obligado a embestir —no tuve alternativa—, tratar de defenderme con los pitones ante el ataque premeditado. Nada logré más que el cansancio, el dolor del lomo ensangrentado. Me picaron sin aflicción, me clavaron banderillas con denuedo arriesgándose a cornadas. Duelen, la fiereza de la espada, la sangre vertida en la arena, el festejo infame; mis ojos que agonizan espantados en la tarde aciaga.