Chatarra espacial
Su nombre sonaba a viejo, como reciclado de sus ancestros, mas su vigor delataba unos veinte años. Juan Cipriano, recolector de chatarra del barrio, recuperaba sillas desvencijadas, camastros herrumbrosos, latas retorcidas, baterías, motores inservibles y toda clase de objetos. No hace tiempo leyó en un maltrecho periódico:
«Un satélite obsoleto se desintegrará en cientos de partes al ingresar a la atmósfera. La chatarra probablemente impacte en una zona boscosa cercana a la ciudad».
Nadie ha vuelto a ver a Juan Cipriano. Quizás, en un alarde de astucia montañera advirtió una estupenda oportunidad de negocio que literalmente le caía del cielo.