Hilarante Picasso
Luego de finalizado el encuentro con que pretendíamos reivindicar nuestros derechos, algo en un muro de la calle San Juan, cerca de la Alpujarra, llamó mi atención: una suerte de Picasso, bastante más grotesco, se desprendía del grafiti emitiendo barbaridades hilarantes. Contorsionándose en el aire con la agilidad de un saltimbanqui, el engendro mutante eludía los vehículos que circulaban veloces por el deprimido. Con un guiño de su ojo dislocado gesticulaba bochornosamente como dirigiéndose a mí. Asombrado, lo dejé atrás y me fui a casa. «Quizás sea tiempo de dejar la maldita yerba», pensé, mientras volaba trepado en mi nube.