Las manos en la masa
…entonces, olvidada en la mesa, dejó la masa dispuesta a hacerse empanadas: las campanadas llamaban a misa de seis. Una intuición, filoso cuchillo que se apresta, se alzó ligera en los ojos desafiantes de María. Salió volando como del perol el aceite que quema.
No halló su hombre en la iglesia, mas un disgusto del azar —incómodo el momento— le hizo topar con la moza, vampiresa por antonomasia. En el barrio corría como agua el rumor que por haberla hallado él más hermosa, sumiso, la había hecho su musa.
Jamás pudo el infiel imaginar que faltaría a su última promesa.