En sus marcas, listos…
Ocho de la mañana. La multitud se aglomera impaciente, observa sus relojes, cruza miradas competitivas… Se abren las puertas del gran almacén dando la largada: una maratón sin marcas qué romper, pero con muchas marcas por comprar.
El desespero cunde en los participantes ávidos de las mejores ofertas. Empujado por la turba recorro sin querer las secciones repletas de gangas: Hogar, Vestuario, Cosméticos, Electrodomésticos…
Innumerables tentáculos pretenden asirse a un mismo objeto de felicidad. Los ejércitos consumistas tropiezan, las registradoras revientan y, entre sudores fríos, no entiendo qué diablos hago en semejante remolino. Yo, que apenas preguntaba por el baño.