La paga por servir
Los equinos andaban de fiesta reunidos en un paraje de la localidad. Brindaban con champaña explotando en relinchos y risotadas. Al fin los eximían del servicio, de las carretas, las pesadas cargas.
—No más abusos —decía la yegua enteca con sus crines quemadas por el sol.
—Ni dolores en el espinazo ni en las patas —se alegraba el viejo caballo, aún sin reponerse de las laceraciones y el oprobio.
Una ilusionada potranca prematuramente corcovada gritaba de emoción:
—¡Ahora sí, a tomarnos las verdes praderas!
En esas apareció el jumento.
—Olvídense, no hay tal jubilación. Hablan es de sacrificio, lo lamento.