Paralímpicos 2024
El Obelisco de Luxor fue testigo de cómo cuatro mil cuatrocientas sonrisas derrotaron el dolor.
Esa tarde veraniega de agosto, la Plaza de la Concordia estaba colmada: todos daban la bienvenida a una ceremonia cuyos protagonistas, aun sin competir, merecerían una medalla. Desfilaron sillas de ruedas, bastones de ciego, coreografías de muletas; extremidades truncadas por la desventura, de las que nacía, no obstante, una esperanza; rarezas de la naturaleza —seres humanos pensantes, sintientes—, cuerpos y rostros que traslucen demasiadas pruebas superadas.
Luego serían doce días de competencias. Más que eso, nos fueron regaladas historias ejemplares de vida para inspirar.