Las cifras
Caminan por el mundo en boca de sus progenitores, henchidas o entecas. Las he visto salir orondas de los bancos, maquilladas de las corporaciones públicas, de la empresa privada, con el traje que mejor les queda según la ocasión. El presidente las contiene como un vómito por inconvenientes o corona con ellas el edulcorado pastel.
Se regodean en las estadísticas, se embriagan en los mercados de valores, se multiplican sospechosas, libertinas, o languidecen en los bolsillos de los pobres que acaban llevándolas a un funeral. Gobiernan a su antojo nuestras vidas. Imposible, ni en los epitafios, prescindir de ellas