Sombras
1:19 de madrugada marca el reloj digital que en el nochero —soy miope avanzado— apenas distingo. Los grandes números despiden una luz verde mortecina que invade la habitación recreando las sombras. Extiendo mecánico mi brazo: la lámpara reniega con un ¡puf! y un destello.
Una línea difusa bordea la topografía del escritorio, trepa y dibuja la ventana, desciende, contornea la silla y salta a la puerta. Un maletín viajero cuelga. Mis rodillas por montaña se proyectan cubriendo la pared. De pronto, un resplandor… Truena. La cortina se hincha espantada. Junto a la cama me asombra una sombra negra que espera.