Las nueve musas
tàr

TÀR o la complejidad de la naturaleza humana

Promocionamos tu libro

Todo lo que no es perfecto hasta el más mínimo detalle está condenado a perecer
Gustav Mahler

No es lo principal saber de dónde viene lo hermoso de la vida. Lo importante es captarlo, sentirlo y transmitírselo a alguien.
Alma Mahler

Podríamos decir que estas dos afirmaciones, y las dos relevantes figuras de la música y la cultura que las pronunciaron, se encuentran en la esencia, en el corazón de Tàr (Todd Field, 2022), una magnífica película que resulta inabarcable en un primer visionado.

Y es que, a través de ella, podemos reflexionar sobre el origen y las consecuencias del poder, sobre el narcisismo y la autoestima, sobre los roles de género y los comportamientos abusivos, sobre el influjo que tiene en la salud mental el perfeccionismo y la obsesión (¿son requisitos imprescindibles para llegar a la genialidad?, nos hace preguntarnos), sobre las diferencias entre el solipsismo y el disfrute sentido y compartido del arte y la belleza, etc. Pero, por encima de todos estos temas, y otros, que seguro me habré dejado en el tintero, brilla una idea que me interesa sobremanera: la posibilidad de que la creatividad sea un don, una fortaleza que pueda hacernos resilientes ante la adversidad.

Me parece admirable que prevalezca esta idea luminosa en el último -e insólito- fotograma, y que a pesar de las más de dos horas y media de metraje, en ningún momento sintiera el peso del tiempo. Que la película me mantuviera sin pestañear desde el principio, se debe fundamentalmente a su despliegue de ideas y al talento descomunal de su actriz protagonista, una Cate Blanchett  que siempre consigue expandir los interesantes papeles que va eligiendo a lo largo de su dilatada y sobresaliente carrera. Aquí, se transforma en un personaje con el que comparte talento y perfección, dando vida a una artista genial, a la que, como pasa con muchos nombres propios del arte y la cultura, admiramos a la par que odiamos, inmersos en la extrañeza de no poder –o no saber- diferenciar la obra y la personalidad del artista.

En la protagonista vislumbramos un enigma del que el director nos da pistas introduciendo elementos distorsionantes dentro de la trama (los ruidos que escucha en mitad de la noche, los gritos que solo ella parece oír mientras hace footing en el parque, etc.), dejándonos libertad para llegar a nuestras propias conclusiones (¿pueden ser las voces de su conciencia, los latidos de la culpa emergiendo del fondo de su subconsciente?).

Temas complejos para una película compleja y exquisita que nos muestra el mundo de la música clásica al más alto nivel. Elegancia, sensibilidad, sentimiento y erudición; pero también ansiedad y obsesión, falta de empatía y abuso de poder. La fragilidad humana escondida tras la máscara de la autosuficiencia.

La película, que está nominada a seis Premios Óscar, se inicia con unos diez o quince minutos hipnóticos (sobre todo para los amantes de la música), donde se nos presenta y se nos muestra a la protagonista, la directora de orquesta Lidia Tàr, dando una lección magistral de su arte y demostrando por qué ha llegado a lo más alto dentro de su profesión.

En esa maravillosa introducción, se habla de Gustav Mahler, de sus sinfonías, especialmente de la 5ª, que estuvo corrigiendo hasta su muerte y cuyo adagietto compuso como homenaje a su esposa Alma. En esta primera escena descubrimos que nuestra protagonista ha grabado todas las sinfonías del compositor menos esta, y que considera que la belleza melancólica del adagietto (que hizo famoso Visconti en su hermosa y fúnebre Muerte en Venecia) no se puede comprender sin estudiar a fondo la intimidad del matrimonio Mahler.

Mahler: Symphonie No.5 [Vinilo]
  • Mahler: Symphonie No.5 [Vinilo]

Aquí hay que hacer un inciso para recordar que Mahler fue un brillante compositor y director de orquesta, uno de los más importantes del siglo XX, y que algunas de sus grandes obras las compuso inspirándose en su esposa o con la ayuda de esta, la fascinante Alma Schindler (una mujer que ha pasado a la historia más como la Musa del siglo XX, que como la artista y compositora que también era, ya que apenas pudo desarrollar su talento para la música).

Concretamente el adagietto de la 5ª, del que se habla en la película, es de una belleza melancólica apabullante, y realza su misterio el hecho de que sea una pieza musical trufada de tristeza inspirada en un amor incipiente; al escucharla nos embarga un sentimiento de gozo doloroso, de dicha envuelta en tristes presagios. Esto, visto con la perspectiva del tiempo y la multitud de análisis que se han hecho en torno a la composición, nos hace pensar que el autor intuía que ese amor resultaría desdichado. Tampoco podemos dejar de resaltar la contradicción de un hombre que, a pesar del gran amor y admiración que sentía por su compañera, no dudó en exigirle que abandonara sus aspiraciones artísticas y se centrara solo en su familia y en la carrera de él (No hay sitio para dos músicos en esta casa, llegaría a decir); una actitud que, en parte, le haría perderla, y lo arrastraría a su propia muerte.

Tanto la vida de Mahler como la de Alma, juntos y por separado, ha sido material para libros y obras de arte, y sigue siéndolo, porque en la película que nos ocupa, la sombra de ambos sobrevuela desde el inicio como símbolo del misterio de la vida y del acto creativo.

En esa primera escena, asistimos a la preparación y al desarrollo de una entrevista realizada a la protagonista de la película: una mujer segura de sí misma, erudita y fascinante, a la que parece que todo el mundo admira y respeta.

En la sustanciosa entrevista se habla del sacrificio de Alma, que dejó de lado su actividad artística para ayudar a su marido, hecho al que nuestra protagonista resta importancia, argumentando que fue una elección libre, y obviando, no por ignorancia, dada la inteligencia y cultura del personaje, las connotaciones de la época, las exigencias físicas y psicológicas de la maternidad, así como las presiones que Mahler ejerció sobre su esposa. Ella, aunque no deja de reconocer las dificultades que han tenido las mujeres a lo largo de la historia, y no puede negar que en el campo de la dirección de orquesta todavía existe un claro sesgo de género, minimiza los datos enfatizando que nunca ha tenido problemas por ser mujer y que, en la actualidad, estas pueden llegar tan alto como ella ha llegado. No obstante, exige que se la llame “maestro”, y pronto comprobamos que, tanto en su vida laboral como en la afectiva, es una lesbiana que ha adoptado un rol masculino lleno de estereotipos tóxicos (en una escena de violencia soterrada, en el colegio de su hija, se presenta como el padre de la familia).

El personaje queda definido en esa primera escena, pero solo en apariencia, porque a medida que se desarrolla la trama vamos comprendiendo que su interior es un océano cuyo fondo apenas podemos percibir.

Lidia Tàr resulta una persona tan obsesiva y perfeccionista como los grandes artistas y maestros que estudia y admira, y parece esconder un misterio que va creciendo a lo largo de la película y que se mantiene después de su visionado.

Porque no podemos dejar de preguntarnos quién es realmente esta mujer superdotada para la música, autosuficiente y brillante, fría en sus relaciones, que ejerce la docencia y la dirección de una prestigiosa orquesta (la Filarmónica de Berlín, ahí es nada) con maneras poco ortodoxas y a menudo tiránicas.

La película nos va dando pistas para resolver las preguntas, pero nunca llega a responderlas del todo, lo cual es una virtud, pues deja que vayamos dando forma a nuestra propia opinión. Así, intuimos que la diva utiliza su poder para conseguir objetos de deseo (la violonchelista rusa cuya juventud y talento la atraen desde el primer momento, o su antigua amante, cuyo suicidio es una amenaza fantasmal que se materializa como el detonante de su caída); la vemos intentar controlarlo todo y a todos a su alrededor, manipuladora pero a la vez manipulable. (Otro acierto del guion consiste en saber mostrar el juego de la seducción y del poder desde distintos puntos de vista y a través de diversos personajes: la asistenta -víctima y verdugo-; el alumno que  admira y teme a su profesora, pero es capaz de cuestionarla y por último de insultarla en mitad de una clase; o la alumna que se sabe objeto de deseo y utiliza ese poder para ascender en la orquesta).

Nada es blanco o negro en una historia que maneja los matices para mostrarnos la complejidad de las relaciones humanas y su implicación en las expresiones artísticas. De este modo, cuando la protagonista está impartiendo una clase y su alumno afirma no escuchar a Bach por la misoginia y el racismo del genial autor, la respuesta de ella preguntándole si preferiría ser recordado por sus rasgos identitarios o por dejar para la posteridad una obra brillante, convierte la escena en un interesante debate sobre la creación artística y la vida íntima del creador, pero también sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje y la figura de la autoridad en un entorno donde alguien tiene que llevar la batuta, ya sea dirigiendo una clase o una orquesta.

A través de la odisea del personaje principal podemos analizar los roles de género y las nuevas formas de relacionarnos, la pérdida de la moral y la ética en las estructuras de poder, o el tema candente de la cultura de la cancelación (no resulta inocente la referencia irónica a Plácido Domingo en uno de los fotogramas).

Y finalmente, aunque seamos conscientes de que la protagonista ha perdido su esencia convirtiéndose en una especie de Fausto moderno (una de las muchas referencias a la cultura alemana que hay en de la película, rodada mayoritariamente en Berlín); y a pesar de su frialdad y falta de empatía, ya que solo parece sentir un lazo de afectividad real por su hija, no podemos dejar de experimentar atracción por un personaje fascinante y complejo, que se aferra a su genialidad, a su pasión por la música para no rendirse. Una mujer capaz de mostrar humildad ante el arte, su tabla de salvación. Solo ante él es capaz de inclinarse y desprenderse de su orgullo.

El actor, guionista y director Todd Field, que ya se había adentrado con éxito en los recónditos vericuetos del alma humana en Juegos salvajes y En la habitación, no se limita en su última película a desarrollar inteligentemente los temas más explícitos, sino que los amplía hasta conseguir que nos preguntemos por la complejidad de la naturaleza humana, por aquello que nos hace seres contradictorios, llenos de luces y de sombras.

Tàr posee un universo propio que deviene universal. Si entramos en él, nos llevará, con toda la magia del cine, a lo más alto de la fama y lo más hondo del fracaso, enseñándonos cómo aquello que nos encumbra también nos puede destruir.

Última actualización de los productos de Amazon el 2024-07-21 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

Foto del avatar

Mª Engracia Sigüenza Pacheco

Mª Engracia Sigüenza Pacheco (Orihuela, 1963) es licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación, en la especialidad de Psicología, por la Universidad de Murcia.

Trabajó en el campo de la psicología clínica, ha ejercido la docencia en institutos de la provincia de Alicante y actualmente se dedica a la orientación educativa.

Ha participado en diversas antologías, libros colectivos, exposiciones y montajes audiovisuales, y ha publicado artículos y poemas en revistas y periódicos.

Su poema “Utopías” resultó finalista con mención Honorífica en el I Premio Nacional de Poesía Villa de Madrid 2015, y su microrrelato “La joven” ganó el V Concurso de microrrelatos convocado por la editorial ACEN.

Ha publicado los poemarios El fuego del mar (Celesta, 2018) y Huellas en el paraíso (Ars Poética, 2019).

Publicamos tu libro

2 comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • Gracias, José Fernando, a mí también me gusta mucho Mahler, y la figura de Alma me fascina, ella inspiró el cuadro El beso, de Klimt y La novia del viento, de Kokoschka, y compuso algunas lieders muy hermosas. Por cierto, me gustan mucho tus relatos, son muy sugerentes. Un saludo

  • Gracias, María Engracia, su artículo me hace desear ver la película. Admiro la música de Mahler, en especial su quinta sinfonía y ese adagietto que me cautivó casi hasta la obsesión desde que vi Muerte en Venecia. Una sinfonía es todo un mundo, decía él, y su vida fue un mundo traumado ya desde su niñez. Un perfeccionista, obsesivo-compulsivo, quizás, pero eso es materia para otros. Estoy seguro de que Alma Mahler (esposa, luego del fallecimiento del compositor, de otros artistas como Gropius, Kokoschka y el escritor Franz Werfel), jamás hubiese renunciado a su talento como compositora de haber vivido en estos tiempos.