Las nueve musas
Libertad de imprenta

¿Prensa democrática?

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En época de Mariano José de Larra se le llamaba libertad de imprenta a la ausencia de censura del pensamiento publicado. Desde entonces acá, hemos tenido en algunos momentos la impresión de ser libres, los escritores, los periodistas, los plumíferos en general.

Lo cierto y casi verdad confirmada es que los dueños de la palabra han sido siempre los que han tenido el poder económico, político y militar; no los intelectuales, ni mucho menos los lectores, y menos aún eso que desde el siglo XX, en las democracias, se denomina la opinión pública.

Los partidos políticos son, si me permiten la analogía, estructuras de timo piramidal, donde los de una jerarquía más arriba captan a mílites voluntariosos, a veces llenos de sincero entusiasmo e ideal, o en otros casos ávidos desde el inicio por escalar en posición influyente traducible en cargos y gabelas y en posibilidad de extorsionar y timar a otros neófitos incautos que sumar a la organización de mafiosos inscritos.

Los timados podrán convertirse en futuros timadores a poco que el partido aumente su poder y su territorio, por ejemplo, en unas elecciones, de las muchas que, como ferias, se suceden al año en un país, por ejemplo, en España, donde, además, los partidos son regados monetariamente con el dinero de todos cuando alcanzan un mínimo determinado de aciertos o votos en una elección.

Así pues, incluso quien no fuera timado directamente y succionado por la jerarquía del partido, desde los jefes intermedios hasta la dirección y la alta dirección que en la cúpula de la pirámide se lleva todo el botín (legalmente, aclaro: no le llames robo ni timo piramidal); digo que, incluso, tú o yo, hayamos votado a un partido o nos hayamos abstenido, somos en definitiva sujetos de la rapiña partidista, en cuanto obligados a pagarles con el supuesto argumento de que los partidos son piezas fundamentales en el mecanismo de la democracia. Igual que los sindicatos y organizaciones patronales. Iguales que las jerarquías de los cleros oficiales. Y hoy igual que las más de tres mil ONGs que se han convertido en lobbies pagados por nuestros impuestos, muchas veces, igual que los partidos políticos, retirando de escena a la opinión pública democrática, sustituyéndola por su activismo propagandístico, que pagamos igualmente todos.

Ni a partidos políticos, ni a sindicatos, ni a esas organizaciones patronales, clericales o dedicadas al activismo a nuestra costa (nunca mejor dicho), les exigimos democracia, transparencia, apertura a las preguntas de la prensa libre. Viven de la democracia, succionan la sangre de la democracia, pero no son para nada organizaciones democráticas. Es esto una indecente paradoja.

La ausencia de una crítica de mirada larga, fuera de las distintas mafias piramidales que desangran este país (a las que no falta la asidua y corrosiva colaboración de los partidos fascistas ultras regionales, como la exConvergencia o la Esquerda, o la ETA-Bildu, del secuestrador Otegi: cuidado no hagas la broma poética paranomásica de pronunciar: Ojete) contribuye en parte a que todos los gánsteres del timo piramidal institucionalizado compitan entre sí en querer imponer sus tres por ciento, no solo a una parte del país, sino al conjunto de España.

Los grandes medios de comunicación (El País, la Cope, El Mundo, La Vanguardia, los medios del oligarca Roura, o del Correo Vasco, me dejo otros en el tintero), y los periodistas que escriben u opinan en ellos tienen la culpa de esta situación de debilidad morbosa y casi gustosa en que el enfermo se deja robar, violar, y a lo último sodomizar por lo que antiguamente llamó casta una nueva mafia piramidal que está francamente hoy caída al saco de la mierda: Podemos.

Las mafias del poder, partidos y afines, solo quieren al periodista amable, y mejor, al que les alaba.

Pero, un poco de esperanza es necesaria siempre para vivir cada día. Cervantes y la libertad, era el hermoso título de un ensayo del poeta Luis Rosales.

Sin embargo, ahora que se aproxima la fecha de la entrega del Premio Cervantes, seguro que el tartufo Ministro de Cultura (falso santón de la izquierda fascista) no ha pensado en medios independientes como los digitales The Objetive[i] o El Confidencial, y en periodistas como Álvaro Nieto o Ketty Garat, quienes sí continúan manteniendo la resistencia. No vaya a ser que nos enteremos de cuánto manda el “Gordo” Ojete en el Gobierno, o de cuánto cuesta dirigir una cátedra en la, hasta que se introdujeron en ella aquellas mafias, prestigiosa Universidad Complutense de Madrid, y a cómo nos sale el kilo de Begoña.

Fulgencio Martínez

Fulgencio Martínez

FULGENCIO MARTÍNEZ LÓPEZ nació en Murcia; es editor y director de la revista Ágora-papeles de Arte Gramático.

Profesor de filosofía, poeta, ensayista y autor de relatos. Ha publicado, entre otros, los poemarios La segunda persona (Sapere aude, Oviedo, 2021), Línea de cumbres (Madrid, ed. Adarve, 2019), Cancionero y rimas burlescas (Renacimiento Sevilla, 2014), León busca gacela (Renacimiento, Sevilla, 2009), El año de la lentitud (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2013).

Ha publicado la antología La escritura plural, 33 poetas entre la dispersión y la continuidad de una cultura, con textos en cinco lenguas españolas: vasco, catalán, gallego, español y sefardí. (Prólogo de Luis Alberto de Cuenca. Ars poética, Oviedo).

Es autor de un ensayo sobre la filosofía de Antonio Machado, publicado en la revista Symposium de la Universidad Católica de Pernambuco (Recife, Brasil). Y del libro de relatos El taxidermista y otros del estilo (Diego Marín, ed. Murcia).

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