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Napoleón

Napoleón Bonaparte: el hombre de moda

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Desde que Ridley Scott estrenó su última película, son muchos los artículos, programas y debates que han surgido en relación a la misma y a su protagonista, Napoleón, si bien la mayoría no deja en buen lugar el trabajo del cineasta estadounidense.

Napoleón Bonaparte

A título personal, he de decir que el film me decepcionó. Esperaba mucho más de la combinación de un director consagrado y un personaje histórico en una época que cambió radicalmente la vieja Europa, pero supongo que es cuestión de gustos. No se puede negar la carencia de rigor histórico, ni la infrautilización de una figura y una época tan profunda como compleja, pero desconozco la motivación y los objetivos del cineasta, por lo que no me parece ético criticar su labor, y me quedo en un simple “no me ha gustado”. Esta vida es cuestión de gustos, y aunque resulte tentador criticar el trabajo de los demás, debemos centrarnos en expresar como nos sentimos, sin entrar en lo que “la otra parte ha hecho o no ha hecho”, ya que se trata de una percepción que puede no tener nada que ver con la realidad. Por tanto, desde mi punto de vista, no se trata de una labor mal hecha, sino de un resultado que no me ha convencido. Además, desconozco por completo como se dirige un film, por lo que no puedo criticarlo, y entiendo que su labor habrá estado a la altura de títulos como Blade Runner o Gladiator por ejemplo.

Al margen de la crítica, lo que quisiera es aprovechar estas líneas para narrar la vida de Napoleón, ya que quien no conozca la historia, puede extraer lecciones erróneas de una película cuyo objetivo dudo que sea didáctico. Pero vayamos a los hechos, en la cinta de Ridley Scott, se desarrolla la vida del emperador francés a partir de la revolución de 1789 y la inmediata reacción de las monarquías absolutistas europeas ante el temor de que dichos acontecimientos se replicasen en sus reinos, pero apenas se dice nada de sus orígenes, su familia o su carrera antes de este periodo.

Napoleón Bonaparte nació en Ajaccio, Córcega, el 15 de agosto de 1769, tan solo un año después de que Francia comprase la isla a la República de Génova. De origen italiano, Napoleone di Buonaparte, cambió años más tarde su nombre ligeramente para hacerlo más francés. Siendo su padre un miembro destacado de la nobleza local, que llegó a ser nombrado representante de Córcega en la corte de Luis XVI y cuyos quehaceres lo mantuvieron largos periodos en París, fue su madre la figura fundamental de referencia durante su infancia. Mujer estricta, disciplinada y exigente, marcó el carácter de sus ocho hijos, que en mayor o menor medida, buscaron estar a la altura a lo largo de sus vidas. No era buen estudiante, aunque destacó en matemáticas, en las que progresaba con facilidad. También se interesó por la lectura de obras clásicas, las cuales causaron  una profunda influencia en su espíritu.

A la edad de 10 años, se trasladó a la Francia continental junto con su hermano José, con objeto de estudiar en la escuela militar francesa de Brienne-le-Château, entre Dijon y París, para lo que tuvo que aprender francés, idioma que habló con un marcado acento italiano por el resto de su vida. Se graduó en 1784, ingresando posteriormente en la École Royale Militaire de París, donde estudió artillería. Tras acabar, en septiembre de 1785, fue comisionado como teniente segundo, tomando sus nuevas obligaciones en enero de 1786, a los 16 años.

Napoleón sirvió en la guarnición de Valence y de Auxonne hasta el estallido de la Revolución francesa, encontrándose en Córcega al inicio de la misma. Los independentistas corsos, aprovecharon la situación para liberarse del poder absolutista, y embriagados por los aires de libertad revolucionarios, solicitaron a la Asamblea Nacional Francesa la enajenación de la isla al patrimonio real y unirla a la Corona francesa, pasando a depender así de la nueva Constitución. En ese periodo, Napoleón expresaba su admiración por el líder nacionalista Pasquale Paoli, que defendía el progreso y la revolución, frente a aquellos ciudadanos corsos que defendían el antiguo régimen.

La tensión fue en aumento en la isla durante los años siguientes, con continuos enfrentamientos entre partidarios y opositores a la revolución. Fue bajo este clima cuando en la Francia continental empezó a crecer el desencuentro entre los revolucionarios, entre Girondinos y Jacobinos. Mientras Pasquale Paoli se alineaba con los primeros, aceptado un federalismo republicano como marco tolerable, al menos temporalmente, para su Córcega, Napoleón sostenía las tesis jacobinas. En el continente, se impuso la corriente jacobina, dando comienzo al “periodo del terror” con la ejecución de Luis XVI en 1793. En la isla por el contrario, una hábil maniobra del líder nacionalista dio el control de la isla a los girondinos, que declararon la secesión de Córcega tras poner en fuga a los jacobinos. Bonaparte y su familia se vieron obligados a huir a Francia, donde llegaron en junio de 1793.

Gracias a su amistad con el político y diplomático jacobino de origen corso Antoine Christophe Saliceti, se convirtió en comandante de artillería de las fuerzas francesas que sitiaban Tolón, enclave que se había amotinado contra el terror republicano y había permitido el desembarco de una fuerza anglo-española. Napoleón definió y ejecutó una estrategia basada en el emplazamiento de baterías artilleras para crear una superioridad total de fuego previa a los asaltos, que obligó a los rebeldes y a sus aliados a abandonar las posiciones. Su determinación, capacidad de trabajo y frialdad bajo el fuego, convirtieron al corso en el héroe de la batalla, por lo que fue promocionado a general de brigada.

A mediados de 1794, con la caída de Máximilien Robespierre, Napoleón se convirtió en blanco de sospechas originadas por su amistad con el hermano menor de éste, lo que causó su arresto durante dos semanas, siendo posteriormente liberado por falta de pruebas.

En 1795, y ante una protesta armada contra la Convención (asamblea constituyente que concentró los poderes ejecutivo y legislativo entre mediados de septiembre de 1793 y finales de octubre de 1795), organizada por realistas y contra-revolucionarios, a Bonaparte se le encomendó la defensa de dicha asamblea en el palacio de las Tullerías. Con la ayuda de un joven oficial de caballería, Joachim Murat, obtuvo algunas piezas de artillería y logró repeler a los insurgentes. Este episodio le granjeó fama, prestigio y poder sobre el nuevo gobierno, en particular sobre su líder Paul Barras, con cuya amante, Josefina de Beauharnais, acabaría casándose pocos meses más tarde.

Paul Barras
Paul Barras

Días después de su enlace, Bonaparte tomó el mando del ejército francés en Italia, al que dirigió con éxito en la invasión de dicho país. Supo sacar lo mejor de sus hombres, hambrientos y mal alimentados, a los que prometió la gloria y riqueza de sus conquistas. Napoleón se ganó el apodo de “pequeño cabo” en aquella época, por su buena y estrecha relación con la tropa. Durante su campaña en Italia, logró sacar a las fuerzas austriacas de Lombardía y derrotó al ejército de los Estados Pontificios anexionando dos pequeños territorios papales a la república. No obstante, desoyó las órdenes del gobierno de marchar contra Roma y destronar al papa por sus protestas en relación a la ejecución de Luis XVI, acción que llevaría a cabo el general Berthier un año más tarde.

En 1797, derrotó al ejército austríaco, cuyas fuerzas lo superaban en número y forzó a ese país a firmar un acuerdo de paz, que dio a Francia el control de la mayor parte del norte de Italia, así como Países Bajos y el área del Rin. Posteriormente, marchó sobre Venecia, acabando con más de 1000 años de independencia. Organizó los territorios ocupados creando, el 29 de junio de 1797, la República Cisalpina, una «república hermana», un satélite de la Primera República Francesa, cuya capital se estableció en Milán.

Charles Pichegru
Charles Pichegru

Las elecciones de 1797 dieron a los realistas la mayoría en el órgano legislativo de la República, lo que provocó una división en el seno del gobierno. Por una parte, estaban los partidarios de la mayoría monárquica y por otra, los republicanos convencidos, con un Paul Barras que no se mostraba a favor de ninguno de los dos grupos. Napoleón era para los monárquicos el rival a batir tras el prestigio ganado con la campaña en Italia, así que no dudaron en criticarlo acusándolo de haber saqueado Italia y de haberse excedido en su autoridad al negociar con Austria. Pero la situación cambió cuando el general corso descubrió una supuesta conspiración monárquica que implicaba directamente al prestigioso general Jean-Charles Pichegru, que hasta entonces se había distinguido por su apoyo a la revolución y que ahora negociaba con las potencias extranjeras la restauración de la monarquía en Francia. Ante estas revelaciones, Barras apoyó a los republicanos y Bonaparte envió con prontitud al general Augereau a París para dar un golpe de Estado, que eliminó de la política a los realistas. Esto devolvió a Barras el control, pero ahora dependiendo de Napoleón, que regresó a París en diciembre, como un héroe conquistador y con mayor fuerza sobre el gobierno, siendo más popular que sus componentes.

En marzo de 1798 Bonaparte propuso llevar a cabo una expedición para colonizar Egipto, provincia otomana, con el objetivo de proteger los intereses comerciales franceses y cortar la ruta de Gran Bretaña a la India. El gobierno, aunque preocupado por el alcance y el coste de la campaña, aprobó la empresa en gran parte por sacar el corso del centro del poder. El contingente, que incluía gran número de científicos, reflejando la devoción del general por los principios e ideas de la ilustración (aunque algunos quisieron verlo como un acto de propaganda que ocultaba sus intenciones imperialistas), acometió la toma de Malta en su camino hacia Egipto, donde desembarco el 1 de Julio de 1798. Aunque los franceses ganaron la decisiva batalla de las pirámides, donde el enemigo los superaba en proporción de 4 a 1, su ejército quedó atrapado en el país de los faraones, al ser destruida toda la flota francesa en la denominada batalla del Nilo por los británicos. En estas circunstancias, el objetivo de fortalecer la presencia francesa en el Mediterráneo fue frustrado, si bien, se logró consolidar el poder galo en aquel país, no sin sofocar antes diversas revueltas populares. El pueblo egipcio siempre vio a los franceses como una fuerza de ocupación a pesar de las proclamas emitidas por Napoleón, en las cuales se presentaba como liberador del pueblo egipcio, oprimido por el yugo otomano, y alababa los preceptos del islam. La ocupación francesa, propició el desarrollo de importantes estudios sobre el antiguo Egipto, entre los que destaca el descubrimiento de la Piedra de Rosetta.

Batalla del Nilo
La destrucción de ‘L’Orient’ en la batalla del Nilo , 1 de agosto de 1798 por George Arnald

A comienzos de 1799 condujo al ejército francés sobre la provincia otomana de Siria, derrotando a su enemigo batalla tras batalla, pero sucumbiendo a las plagas y a la falta de suministros. Con su ejército debilitado, Bonaparte se vio obligado a volver a Egipto en mayo de ese mismo año, donde volvió a derrotar a los otomanos en su intento de desembarco en Abukir. Con la situación estancada, y el aumento de la inestabilidad en Francia, el general corso decidió regresar dejando al general Kléber al mando.

Durante la estancia de Bonaparte en Egipto, la situación de Francia había empeorado, habían sido varias derrotas militares en el continente y el miedo a una invasión por parte de los países absolutistas (segunda coalición: Gran Bretaña, Austria, Nápoles, Rusia, y Portugal) se había apoderado de la República. Si bien sus detractores lo habían acusado de abandonar sus tropas, su regreso había sido autorizado por el gobierno que requería de su capacidad para revertir la situación.

Aun cuando la situación había mejorado a su llegada a París en octubre, con varias victorias militares, ésta distaba de ser mínimamente aceptable. La República se encontraba en bancarrota y el gobierno, corrupto e ineficiente, estaba en su nivel más bajo de popularidad. En este contexto, uno de los miembros del gobierno (Emmanuel Joseph Sieyés) pidió a Bonaparte su respaldo para ejecutar un golpe de Estado, de forma que se pudiera dar solución a la caótica situación existente. La trama involucraba también al hermano de Bonaparte, Lucien, así como a otro miembro del gobierno, Roger Ducos, y a Charles Maurice de Talleyrand.

El 9 de noviembre, tropas dirigidas por Napoleón tomaron el control y dispersaron a los consejos legislativos, de forma que Bonaparte, Sieyés y Ducos quedaron como cónsules provisionales que regirían al gobierno. Si bien Sieyés pretendía dominar el nuevo régimen, Napoleón se adelantó redactando la Constitución que aseguraba su elección como primer cónsul, lo que le convirtió en la persona más poderosa de Francia, poder que incrementó más adelante, con una nueva constitución que lo nombraba primer cónsul vitalicio.

Como cónsul, y posteriormente como emperador, Napoleón instituyó diversas e importantes reformas, incluyendo la centralización de la administración, la educación, el régimen tributario, acometió la creación de un banco central, desarrolló una nueva legislación, instauró la libertad de culto y estableció un nuevo sistema de carreteras y cloacas entre otras cosas, además de buscar la reconciliación con la Santa Sede y la comunidad católica. Bonaparte trató de restaurar la ley y el orden después de los excesos causados por la Revolución, garantizando los derechos y libertades conquistados durante el período revolucionario, al tiempo que reformaba la administración del Estado.

En 1800 Bonaparte regresó a Italia, que había sido reconquistada durante su ausencia en Egipto. Si bien las cosas no comenzaron bien para el general corso, la contienda acabó siendo un completo éxito, lo cual llevó a la firma de un armisticio. No obstante, Napoleón se vio obligado a atacar Austria posteriormente para que se le reconociese su dominio sobre los territorios ocupados. Los británicos también firmaron un acuerdo de paz mediante el Tratado de Amiens en marzo de 1802, por el cual Malta pasaba a ser territorio francés, y el Concordato de 1801 con el papa Pío VII, ponía fin al enfrentamiento con la Iglesia católica originado por el inicio de la Revolución.

Tratado de Amiens
Tratado de Amiens, entre Francia y Gran Bretaña, firmado por Napoleón y Cornwallis

No obstante, la paz entre Francia y Gran Bretaña era muy precaria, ya que por un lado, las monarquías temían que la revolución se exportase a sus países, y por otro los británicos no habían desocupado ni Malta ni Egipto, como habían prometido. Además, los ingleses protestaron contra la anexión de Piamonte y el Acto de Mediación de Suiza, si bien ninguna de estas áreas estaba contemplada en el Tratado de Amiens que habían firmado.

En 1803.ante el poderío de la Armada Británica y la indefensión de las posesiones francesas en Norteamérica, Napoleón decide la venta de Luisiana, un territorio de aproximadamente dos millones de km², a los Estados Unidos, que buscaba controlar la navegación sobre el río Misisipi. Si bien este hecho pasó relativamente desapercibido en la época, podemos catalogarlo como uno de los sucesos más significativos que tuvieron lugar durante el gobierno napoleónico. A nivel de curiosidad, indicar que el precio establecido fue de 7,40 $ por km².

Habiéndose nombrado cónsul vitalicio apenas 2 años antes, Napoleón se coronó emperador a finales de 1804 en una ceremonia realizada en la catedral Notre Damme de París, y ante la presencia del papa Pío VII. De esa manera, Napoleón se erigió en el primer monarca del imperio francés. El acto, suscitó mucha polémica, y no por el hecho de que el corso se proclamase emperador, sino por el acto de auto-coronación, que muchos interpretaron como una demostración de negación a la autoridad pontificia, lo cual no es cierto, ya que la ceremonia había sido acordada con el papa en forma anticipada, si bien es verdad que el papa fue avisado de la auto-coronación según se acercaba el acto.

A pesar de que el nuevo emperador buscó la paz tanto interna como externa, por lo que envió cartas a los diferentes gobiernos europeos con sendas propuestas, estuvo claro que el Reino Unido no la deseaba (a menos que fuese bajo sus condiciones). De este modo, tras el breve periodo de paz disfrutado tras el tratado de Amiens, se da comienzo a la fase más intensa de las denominadas guerras napoleónicas, que comenzarían en 1805 y se extenderían durante los próximos 10 años. Durante este periodo, los monarcas europeos no se cansarían de enfrentarse al imperio francés, en muchas ocasiones por la coacción de los británicos que veían en Francia a su mayor rival comercial y militar.

Con una nueva alianza en contra, Tercera Coalición, compuesta por Gran Bretaña, Rusia, Suecia, Austria y Nápoles, y con una España agotada por las continuas guerras y en la bancarrota, Francia no tuvo más remedio que luchar. Consciente de que Reino Unido era el rival a batir, Napoleón ideó un plan de invasión para la isla, pero para llevarlo a cabo necesitaba tener el estrecho de la mancha bajo control por unos días, aspecto que resultaba complicado ante la superioridad naval británica. No obstante, ideó un plan de distracción que llevaría a la flota inglesa lejos, a las Antillas, pudiendo el aprovechar ese lapso para controlar el estrecho y por tanto, el traslado de su Grande Armée desde el norte de Francia al Reino Unido. Pero la ineptitud, el temor o la incapacidad del Almirante Villeneuve, provocó el desastre y la pérdida de gran parte de la flota franco-española en Trafalgar, hundiéndose con ella el sueño de conquistar el Reino Unido.

Almirante Villeneuve
Almirante Villeneuve

El desastre no arredró a Napoleón, que no tuvo más remedio que adaptarse a las circunstancias y modificar sus planes. Era consciente de que únicamente podría plantar cara en el continente, y que debería asumir el poderío naval británico, así como el bloqueo de sus puertos y de la flota que aún le quedaba. Por tanto y sorpresivamente, dirigió a sus ejércitos contra las fuerzas austriacas que ocupaban Baviera, derrotándolas en la batalla de Ulm, para continuar después su avance hacia el encuentro del ejército ruso, destrozándolo en la batalla de Austerlitz el 2 de diciembre de 1805.

……Napoleón conquistó el reino de Nápoles en 1806, nombrando rey a su hermano José, fundó el reino de Países Bajos a partir de las Provincias Unidas que había constituido en 1795, que pasó a ser la República de Batavia donde puso a su hermano Luis al frente, y estableció la confederación del Rin, que agrupaba la mayoría de los estados alemanes y que quedó bajo su protección. Derrotó ese mismo año a una confederación del ejército ruso y prusiano y en julio de 1807 estableció el Tratado de Tilsit con el zar Alejandro I, por el que se redujo el territorio de Prusia. Además, Westfalia, gobernado por su hermano Jerónimo, y el Gran Ducado de Varsovia, entre otros estados, pasaron a formar parte del Imperio.

No habiendo podido vencer a los británicos militarmente, Napoleón impuso el bloqueo sobre sus mercancías con el propósito de arruinar su comercio. Portugal, habitual aliado de los ingleses, no accedió a pesar de las amenazas francesas, por lo que Napoleón buscó la invasión del país por medio de su alianza con España. En virtud de los tratados firmados, los hispanos permitieron el paso de las tropas francesas por su territorio para acometer la conquista y cerrar las rutas comerciales británicas. Tras cruzar la frontera, los franceses ocuparon varias ciudades españolas en una actitud más próxima a la de un ejército de ocupación que a la de un aliado, de modo que causó un gran mal estar popular, siendo los altercados continuos y derivando finalmente en una rebelión que inició la Guerra de Independencia Española.

Napoleón, bien porque lo tenía planeado de antemano o bien por la oportunidad que se presentaba, decidió añadir España a su imperio, con lo que nombró a su hermano José como regente sustituyéndolo en Nápoles por su cuñado Joachim Murat. El conflicto, en el que se involucraron los aliados anti napoleónicos, supuso un gran desgaste tanto humano como económico para el imperio.

La situación comenzó a complicarse para el emperador, ya que Austria rompió su pacto con Francia y Napoleón se vio obligado a responder comandando sus fuerzas en los frentes del Danubio y Alemania. No sin dificultades, finalmente logró imponerse en la batalla de Wagram, el 6 de julio de 1809. Tras este triunfo, Francia convirtió los territorios conquistados en las provincias ilirias y conquistó los Estados pontificios.

Se alió nuevamente con Austria, y selló dicha alianza casándose con María Luisa de Habsburgo-Lorena, hija del monarca austríaco, Francisco I, una vez repudiada Josefina al no poder ésta darle un heredero. Mediante este enlace, vinculaba su dinastía a la más antigua de las casas reales de Europa, confiaba en que de esta forma, su hijo y heredero, nacido en 1811, fuera mejor aceptado por las monarquías reinantes.

María Luisa de Habsburgo-Lorena
María Luisa de Habsburgo-Lorena

El imperio alcanzaría su máxima amplitud en 1810, con la incorporación de diversos territorios del norte de Alemania, así como con el reino de Países Bajos. A partir de ese momento, y si bien la alianza con Rusia se había mantenido intacta hasta la fecha, las tensiones entre ambas naciones comenzaron a aflorar en 1811. La primera señal de que la coalición se deterioraba fue la forma no muy entusiasta y débil con que Rusia aplicó el bloqueo continental, lo cual no gustó en absoluto al emperador, que se sintió defraudado y traicionado, ya que apreciaba al Zar Alejandro I.

Asesorado por sus consejeros, en 1812, el Zar decidió acometer la recuperación de Polonia, por lo que acumuló tropas en la frontera. Sin embargo, el mandatario corso se adelantó, e ignorando los consejos de no invadir suelo ruso, inició la conquista con un contingente de 600.000 hombres el 23 de junio de ese mismo año. Ante semejante superioridad invasora, los rusos emplearon la táctica de tierra quemada contra los franceses, es decir, retroceder y no pelear de frente con los soldados de la Grande Armée, y arrasar las tierras abandonadas a los franceses para que estos no pudieran abastecerse del terreno invadido. Pero el zar, muy molesto con el hecho de que los franceses siguieran avanzando por tierra rusa, obligó a sus generales a plantar batalla, lo cual le ocasionó importantes derrotas. Los rusos continuaron el repliegue, y Napoleón entró en Moscú. Pensaba que Alejandro I negociaría una paz, y sin embargo, se encontró con que los rusos quemaron la ciudad. Tras un mes, y ante el temor de perder el control de Francia, el emperador decidió salir de Moscú. Los franceses sufrieron en su retirada, al punto que se estima que solo regresaron 40 mil hombres del total que comenzó la ofensiva. Por su parte, el ejército ruso sumó también unas 400 mil bajas, a los que hay que añadir los cientos de miles entre la población civil.

Tras este fracaso, Prusia decidió unirse a la coalición, aunque Francia seguía luchando e infligiendo derrotas a los aliados, valga como ejemplo la batalla de Dresde, en agosto de 1813, donde la coalición sufrió miles de bajas. Si bien parecía que Napoleón iba a resurgir tras el desastre ruso, Austria y Suecia también se sumaron a la contienda provocando la derrota francesa en la batalla de las Naciones, donde los aliados gozaban de una superioridad de 2 a 1. Al emperador no le quedó más remedio que replegarse a su país, su ejército de apenas 100 mil hombres ya no tenía capacidad para hacer frente a los más de 500 mil soldados de la coalición.

París fue ocupada el 31 de marzo de 1814, y Napoleón renunció a su soberanía en Francia e Italia para sí y su familia, el 11 del mes siguiente, además de aceptar su exilio a la Isla de Elba. Los aliados dispusieron el nuevo orden de Europa, instauraron a Luis XVIII en Francia y Mª Luisa y su hijo quedaron bajo la custodia del emperador Francisco I, sin que Napoleón pudiera volver a verlos.

Consciente del rechazo del pueblo al nuevo monarca y de los deseos del Reino Unido de desterrarlo a una isla remota en el Atlántico, escapó de Elba en febrero de 1815 para desembarcar el 1 de marzo en Francia. El rey Luis XVIII envió al ejército para detenerlo, pero los soldados al reconocerlo, no pudieron más que ponerse a sus órdenes y marcharon junto a él a París, donde llegó el 20 de marzo, sin que se hubiese efectuado ningún disparo y aclamado por el pueblo. Era el comienzo de los Cien Días.

Establecido de nuevo en París, promulgó una nueva constitución, más democrática y liberal que la vigente durante el Imperio. Reunió de nuevo al ejército, siendo muchos los veteranos que acudieron a su llamada, e inició de nuevo el enfrentamiento contra los aliados. El resultado fue la campaña de Bélgica, que concluyó con la derrota en Waterloo el 18 de junio de 1815.

A pesar de contar con el apoyo del pueblo, los políticos le retiraron su respaldo, con lo que tuvo que abdicar en favor de su hijo Napoleón II, para posteriormente marchar a Rochefort, donde capituló ante el capitán del buque británico Bellerophon. Fue encarcelado y desterrado por sus captores a la isla de Santa Elena, en el Atlántico, el 15 de julio de 1815, donde dictó sus memorias y criticó a sus aprehensores.

Napoleón II
Napoleón II

Bonaparte murió el 5 de mayo de 1821 a las 17:49, a la edad de 51 años. Sus últimas palabras fueron supuestamente para los 3 grandes amores de su vida: «France, l’armée, Joséphine» («Francia, el ejército, Josefina») aunque hay otras versiones. Si bien él pensaba que sufría la misma dolencia que su padre, un cáncer de estómago, recientes investigaciones sugieren que pudo morir envenenado, si bien no se puede saber si fue o no de forma intencionada. Muestras de su cabello (cortado poco después de morir) que habían estado guardadas en un sobre vacío, revelan que estaban impregnadas con arsénico, lo que concuerda también con los síntomas que presentaba.

En su testamento, había expresado el deseo de ser enterrado a las orillas del Sena, aunque se le dio sepultura en la propia isla de Santa Elena. No obstante, en 1840, sus restos fueron repatriados a instancias del gobierno de Luis Felipe I y depositados en Les Invalides (París). Su llegada fue muy esperada, y durante su funeral sonó el Réquiem de Mozart. Millones de personas han visitado su tumba.

El impacto de Napoleón en Europa y porque no decirlo, en el mundo, ha resultado significativo. Fue responsable de la difusión de los valores de la Revolución francesa a otros países, especialmente en la reforma legal. Su reforma no solo fue conservada por los países conquistados, sino que se ha utilizado como base de ciertas partes del derecho fuera de Europa como en la República Dominicana, el estado de Luisiana y la provincia de Quebec. Su código legal, también se utilizó como modelo en muchas partes de américa latina.

La reputación del corso en Polonia siempre ha sido favorable, por su apoyo a la independencia, la oposición a Rusia, su código legal, la introducción de la administración moderna…. También influyó en el establecimiento de la Alemania Moderna, provocando el fin del Sacro Imperio Romano Germánico y ayudando a crear estados medianos frente a las grandes potencias (Prusia y Austria). Tampoco podemos obviar, que inició indirectamente el proceso de independencia de América Latina cuando invadió España y generó un vacío de poder con la abdicación forzada de Carlos IV y Fernando VII, que llenaron lideres nativos como Simón Bolivar y José San Martín. Y qué decir de EEUU, que casi duplicó su tamaño con la compra de Luisiana por 15 millones de dólares…

Por tanto, tras ver la película de Ridley Scott, me quedé con la sensación de que falta mucho, de que el personaje histórico merece una visión más global y objetiva que nos acerque al verdadero Napoleón. Soy consciente de que 2 horas y 38 minutos no dan para una vida tan extensa e interesante, y tampoco voy a cuestionar el trabajo de los profesionales que han realizado un trabajo que como mínimo ha logrado rescatar y poner en boca de muchos al emperador francés. Pero lo que sí deseaba hacer, era aportar mayor información, para que en mayor o menor medida, entendamos la magnitud del personaje histórico que aborda el cineasta estadounidense en su trabajo.

Lander Beristain

Lander Beristain

Lander Beristain, San Sebastián (Gipuzkoa) 1971. Siendo el menor de tres hermanos, se crió en el seno de una familia de clase media que además de aportarle su cariño, le inculcó el gusto por la educación y la cultura, así como unos valores personales marcados a fuego que aplica en todos los aspectos de su vida y proyectos en los que se implica.

Pasó su infancia en Deba (Gipuzkoa) y posteriormente se trasladó a vivir a San Sebastián.

Apasionado de la literatura y de la historia del imperio romano, así como de las novelas históricas que leía en diversos idiomas, tuvo que relegarlos a un segundo plano para acometer sus estudios de Ingeniería industrial en la Universidad de Navarra y desarrollar una carrera profesional estable.

Con infinidad de ideas en su cabeza comenzó a escribir “El Consejero de Roma” en 2017, tardando 2 años en confeccionar el primer borrador. Posteriormente fue puliendo diversos detalles y aspectos, antes de presentarlo a “Las nueve musas ediciones” para su edición, de forma que quedase listo para ver la luz. Un momento tan esperado como ilusionante.

Reseñas literarias

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