Las nueve musas
Los artículo de Antonio Machado de «La Vanguardia»

Los artículos de Antonio Machado de «La Vanguardia»

Antonio Machado ha vuelto a ser noticia estos días, por el descubrimiento del manuscrito de una obra de teatro, la última que escribió con su hermano Manuel y que se creía perdida: La Diosa Razón.

Rebajas
La diosa Razón
  • Machado, Antonio (Author)

Sin embargo, aunque es la publicación que más revuelo ha generado, no se trata de la única novedad editorial de Antonio Machado. El Ayuntamiento de Barcelona ha publicado los artículos periodísticos que don Antonio escribió para el periódico catalán La Vanguardia durante la guerra civil, reunidos en un volumen titulado Antonio Machado a Barcelona (1938-399 Articles a Barcelona.

Su lectura puede generar cierta insatisfacción, pues los artículos de tema literario son más bien pocos. Sin embargo, aunque la mayoría opinan sobre la actualidad, muchas de sus ideas reflejan motivos que encontramos en sus poesías de la guerra, de manera que se convierten en una excelente muestra de cómo ciertos temas resultan recurrentes en un autor hasta el punto de que los desarrolla de diferente manera: por un lado, en forma de prosa periodística, artículos de opinión; por otro, en el cauce de la expresión poética.

Machado empezó a escribir estas colaboraciones mientras estaba en Rocafort, Valencia, pero se intensificaron cuando el poeta fue trasladado por su seguridad a Barcelona en abril de 1938, pues habían aumentado los bombardeos sobre Valencia.

En Barcelona, fue alojado en el Hotel Majestic, en el Paseo de Gracia, que estaba colectivizado. A pesar de encontrarse allí con otros poetas (León Felipe, José Bergamín) y escritores (Waldo Frank), don Antonio no se sintió bien, de manera que en poco tiempo lo trasladaron a la Torre Castañer, en el Paseo de San Gervasio, en la parte alta de la ciudad. Se trata de un palacio decimonónico –en Cataluña, una torre no es otra cosa que un chalet, lo que hoy se conoce como vivienda unifamiliar- que también estaba incautado (su dueña, la Marquesa de Moragas, esposa del vizconde de Güell, había huido al extranjero). A pesar del esplendor del recinto, la carestía de la guerra hizo que el jardín romántico se convirtiera en una selva; las grandes habitaciones, fueran dominadas por el frío sin apenas carbón ni leña para calefacción. La torre – el palacete- se encuentra en la parte alta de Barcelona, desde la que se podría ver, en los pisos superiores, la zona baja: el puerto y el casco antiguo. Desde muchas de estas casas, los vecinos observaban, con horror, los bombardeos a los que se sometía a la ciudad. Esta circunstancia bien pudo inspirar el título de la serie: “Desde el mirador de la guerra”.

El volumen lo componen 29 artículos publicados entre el 16 de julio de 1937 y el 6 de enero de 1939, muy pocos días antes de la caída de la capital catalana producida el 23 de enero.

La mayor parte de los artículos se publicaron (y escribieron) en 1938, a partir de abril, bajo el título genérico de “Desde el mirador de la guerra” (aunque uno de ellos se titula, quizá por error, “Desde el mirador de la contienda”, del 9/VIII/1938). L colección compone lo último que salió de su pluma.  En realidad, no se ha encontrado el último artículo escrito, sobre el general Vicente Rojo, que debía publicarse el mismo día que entraban las tropas de Franco en la Ciudad Condal. Pero ese día el rotativo no debió salir a la calle, pues no consta en la hemeroteca digital de La Vanguardia. Lo más probable es que desapareciese o lo hiciesen desaparecer. Mientras, el bueno de don Antonio, junto con su familia (su Madre, Ana Ruiz, su hermano José y la esposa de este) salían de madrugada de Barcelona rumbo al exilio en Francia.

Por las características del libro, es probable que tenga una mínima y testimonial difusión. Sin embargo, encontramos en él lo último que escribió el poeta, unas colaboraciones periodísticas en las que se mantiene, en alguna medida, la ficción de Juan de Mairena, y en la que se habla sobre los acontecimientos inmediatos. Su relación con la poesía que escribe en este momento es innegable, y su lectura puede ayudar a comprender mejor algunos de los poemas y sus planteamientos estéticos.

La idea que destaca a lo largo de los artículos, prácticamente todos, es el dolor (digamos desengaño) por el pacto de No intervención firmado por las grandes potencias:

“el pacto de no intervención en España constituye una de las iniquidades más grandes que registra la historia” (3/V/1938), pues con él, Inglaterra y Francia “ayudan a los agresores intervencionistas y privan al agredido de su derecho más incontestable: el de procurar los medios de su defensa” (22/V/1938). La culpa de todo la tienen, evidentemente, los políticos conservadores de Inglaterra y sus intereses colonialistas. Francia ha seguido sus pasos: “Parece evidente que la política conservadora de Inglaterra y, en cierto modo, la francesa (…) es una política de clase, una pugna con la totalidad de los intereses nacionales, los de ambos imperios (el inglés y el francés)…” (2/VI/1939). El problema no solo es que “la política conservadora de las grandes democracias perjudica a los pueblos”, sino que quien acaba perdiendo es España por la prolongación del conflicto: Inglaterra y Francia “han contribuido con la llamada no intervención en la guerra de España (que es una decidida y obstinada intervención en favor de los invasores de nuestra península) a su más terrible agravamiento” (2/VI/1939).

De aquí se desprenden dos consecuencias: por un lado, el desengaño que supone este abandono, que ejemplifica en el personaje de Macbeth; y, por otro, el hecho de que se ha dejado campo abierto a los regímenes totalitarios. Considera a los fascistas, el bando franquista, unos traidores a España.

En el artículo del 23 de noviembre de 1938 (el final de la guerra se acerca), evoca la figura d Macbeth, que representa la traición de Inglaterra:

“Fuera de España, en la brumosa Albión, hay alguien que no duerme, porque, como Macbeth, ha asesinado el sueño, y no precisamente en su castillo de Escocia, sino en el corazón de la City. Es de esperar que en la pendiente del crimen y del miedo, también como Macbeth, no pueda detenerse. Por lo demás, las brujas lo engañarán con la verdad”.

La dialéctica entre el engaño (y la ilusión), y la muerte de los sueños, alimenta el poema S. LXVII, ii según la numeración de las Poesías completas). Se evoca el principio de Macbeth, en el que las brujas predicen el destino de Macbet:

Sobre la maleza
las brujas de Macbeth
danzan en corro y gritan:
¡tú serás rey!
(thou shalt be king, all hail!)

A esta visión se opone la imagen de don Quijote, personificación de España y de la ilusión:

Y en el ancho llano
«me quitarán la ventura
—dice el viejo hidalgo—,
me quitarán la ventura
no el corazón esforzado».

Sin embargo, frente a los buenos augurios y las buenas intenciones ilusionadas, se intuyen el sangriento destino de Macbeth y la derrota de don Quijote a manos de sus encantadores:

Con el sol que luce
más allá del tiempo
(¿quién ve la corona
de Macbeth sangriento?),
los encantadores
del buen caballero
bruñen los mohosos
harapos de hierro.

Sobre Alemania e Italia, los comentarios de Machado no pueden ser más negativos. No solo los acusa de regímenes totalitarios, sino que han sabido poner a los intereses económicos en contra de la revolución de la República española mediante una fuerte propaganda mediática, para justificar el apoyo que están haciendo al bando fascista: “Ellos han hinchado el perro de la revolución en España para asustar, cegar y enloquecer a los plutócratas” (6/IV/1938). En cuanto a Franco y los sublevados, considera que son unos traidores, entre otras cosas porque han utilizado al ejército de la República para atacarla. El 19 de julio de 1938 se cumplen dos años, escribe, del golpe de Estado que “numerosas pandillas de militares se levantaron contra el Gobierno de la República española, con las mismas armas que el Estado había depositado en sus manos para la defensa de la nación”.  En otro lugar, alaba a quienes “han combatido por un ideal de justicia y por la España auténtica, frente a los traidores de nuestra casa y a los mercenarios y serviles, obedientes a la perfidia reaccionaria de dentro y a las iniquidades codiciosas de fuera” (29/X/1938).

Esta idea de la traición está también presente en los poemas:

– Otra vez – ¡otra vez- ¡oh triste España!,
cuanto se anega en viento y en mar se baña
juguete de traición…

El apoyo de Alemania y Francia a Franco se interpreta como una venta que ha hecho este a los dictadores europeos:

Alguien vendió la piedra de los lares
al pesado teutón, al hambre mora
y al italo las puertas de los mares.

Por ello, resulta casi natural acudir a fray Luis y al motivo del romancero de la leyenda del conde don Julián quien, para vengarse de don Rodrigo, que había seducido a su hija, entregó Ceuta a los moros, y facilitó su paso hasta la Península. El resultado fue la batalla del Guadalete, en 711, con derrota del rey don Rodrigo e invasión musulmana de la Península. El motivo lo desarrolla en un soneto escrito en Rocafort, en fechas muy próximas: marzo de 1938. Su título, A otro Conde don Julián, resulta revelador de sus intenciones.

Mas tú, varona fuerte, madre santa,
sientes tuya la tierra en que se muere,
en ella afincas la desnuda planta,
y a tu Señor suplicas: ¡Miserere!

¿Adónde irá el felón con su falsía?
¿En qué rincón se esconderá sombrío?
Ten piedad del traidor. Parile un día,
se engendró en el amor, es hijo mío.

Hijo tuyo es también, Dios de bondades.
Cúrale con amargas soledades.
Haz que su infamia su castigo sea.

Que trepe a un alto pino en la alta cima,
y en él ahorcado, que su crimen vea,
y el horror de su crimen le redima.

A pesar de la traición, Machado manifiesta cierta compasión hacia el traidor: “Ten piedad del traidor. Parile un día, / se engendró en el amor, es hijo mío”, que recuerda la idea que expresa en el artículo del 23/VII/1938 de que “se puede ser lo que se llama un buen padre, un buen hijo, un buen esposo, y hasta un excelente vecino, y realizar las faenas más abominables, esos viles asesinatos de niños”. Estos asesinatos son los que nos mostrará en el hermoso (por el horror que muestra) del soneto titulado La muerte del niño herido, víctima de un bombardeo:

Otra vez es la noche… Es el martillo
de la fiebre en las sienes bien vendadas
del niño. —Madre, ¡el pájaro amarillo!
¡Las mariposas negras y moradas!

—Duerme, hijo mío. Y la manita oprime
la madre, junto al lecho. —¡Oh flor de fuego!
¿Quién ha de helarte, flor de sangre, dime?
Hay en la pobre alcoba olor de espliego;

fuera la oronda luna que blanquea
cúpula y torre a la ciudad sombría.
Invisible avión moscardonea.

Los bombardeos están muy presentes en su obra: hay varias alusiones en los artículos, así como en los poemas de la guerra. El artículo del 23 de julio de 1938 acaba dirigiéndose a los lectores:

“Perdonad que me haya apartado tanto del tema concreto que me propuse tratar: las bombas criminales sobre las ciudades abiertas. Porque escribo a la luz de una vela, en plena alarma, y son estas mismas aborrecibles bombas, que están cayendo sobre nuestros techos, las que me inspiran estas reflexiones”

El motivo vuelve a aparecer el 13 de noviembre de ese año: “Bajo las bombas asesinas de los totalitarios, jurados enemigos del género humano, bajo un diluvio de iniquidades y en plena refriega, España ha tenido el ánimo sereno…”

El motivo reaparece en los sonetos que escribe entre noviembre de 1936 y junio del 38. La aviación se convierte en una temible presencia:

Más fuerte que la guerra —espanto y grima—
cuando con torpe vuelo de avutarda
el ominoso trimotor se encima
y sobre el vano techo se retarda […] Mientras retumba el monte, el mar humea,
da la sirena el lúgubre alarido,
y en el azul el avión platea…

Estos aviones, con el ronco sonido de su motor, anuncian –mientras el yo contempla la paz de una atardecer­- el horror de la guerra que se acerca desde el interior de su Castilla amada:

Frente a la palma de fuego
que deja el sol que se va
en la tarde silenciosa
y en este jardín de paz,
mientras Valencia florida
se bebe el Guadalaviar
—Valencia de finas torres
en el lírico cielo de Ausias March,
trocando su río en rosas
antes que llegue a la mar—,
pienso en la guerra. La guerra
viene como un huracán
por los páramos del Alto Duero

Frente al horror de la guerra, la pesadumbre por la no intervención de Inglaterra y Francia, la invasión de Alemania e Italia y la traición de Franco, destaca la visión de Rusia, muy positiva, que se plasmó en un conocido poema dedicado A los intelectuales de la Rusa soviética:

Oh Rusia, noble Rusia, santa Rusia,
cien veces noble y santa!
Desde que roto el báculo y el cetro,
empuñas el martillo y la guadaña,
en este promontorio de Occidente,
por estas tierras altas
erizadas de sierras, vastas liras
de piedra y sol, por sus llanuras pardas
y por sus campos verdes,
sus ríos hondos, sus marinas claras,
bajo la negra encina y el áureo limonero,
junto al clavel y la retama,
de monte a monte y río a río
¿oyes la voz de España?
Mientras la guerra truena
de mar a mar, ella te grita: ¡Hermana!

Desde la perspectiva actual, sorprende el poema, tan laudatorio. De nuevo, los artículos nos ofrecen el contexto adecuado. Para Machado, Rusia fue la única de las potencias que no siguió el tratado de no intervención: “…Rusia, cuya actuación, no exenta de amarga ironía, es siempre noble y desinteresada…” (19/VII/1938). En otro lugar, añade: “Se nos ha calumniado, dentro y fuera de España, diciendo que nosotros también servimos una causa extranjera; que trabajamos por cuenta de Rusia […]. Todos saben que Rusia, ese pueblo admirable, que renunció a su imperio para liberar a sus pueblos, no atentó nunca a la libertad de los ajenos, y que no tuvo jamás la más leve ambición territorial en España.” (22/XI/1938).

Los artículos de temática literaria son los menos, pero, así y todo, las ideas allí expuestas resultan especialmente reveladoras. Por un lado, su admiración por la poesía catalana, aprovecha estos día de la guerra para leerla, probablemente en los volúmenes que albergaría la biblioteca de la Torre Castañer.

Allí pudo reencontrarse con los poetas catalanes, como Maragall o Verdaguer, según confiesa en uno de sus artículos (6/X/1938):

“En esta egregia Barcelona —hubiera dicho Mairena en nuestros días—, perla del mar latino, y en los campos que la rodean, y que yo me atrevo a llamar virgilianos, porque en ellos se da un perfecto equilibrio entre la obra de la Naturaleza y la del hombre, gusto de releer a Juan Maragall, a Mosén Cinto, a Ausias March, grandes poetas de ayer, y otros, grandes también, de nuestros días. Como a través de un cristal coloreado y no del todo transparente para mí, la lengua catalana, donde yo creo sentir la montaña, la campiña y el mar, me deja ver algo de estas mentes iluminadas, de estos corazones ardientes de nuestra Iberia. Y recuerdo al gigantesco Lulio, el gran mallorquín.”

De la cita pueden deducirse varias cuestiones. Por un lado, Machado no lee, sino que relee a los poetas, de modo que ya los conocía. No es extraño que conociese a los poetas medievales, Raimundo Lulio, es decir, Ramon Llull, y el gran poeta amoroso del XV, Ausias March, pues eran bien conocidos en la tradición hispánica.

Más revelador es la cita de los otros des poetas: Mosen Cinto, es decir, Jacint Verdaguer, y Joan Maragall. En otro lugar me he ocupado de la influencia de Maragall en Machado, y creo que la influencia del catalán está presente en buena parte de la obra de don Antonio. El protagonismo del paisaje y de la naturaleza en su poesía es común a ambos, así como que la poesía narrativa de corte mítico de El comte Arnau maragalliano debió impresionarlo, y he rastreado sus huellas en La tierra del Alvargonzález.

A su vez, Verdaguer es el antecedente directo de Maragall. Por otra parte, en esta misma revista he querido mostrar como poemas de Maragall (y de otros autores catalanes), influyen directamente en el conocido poema A un olmo viejo.

Todo ello lleva a suponer, como evidencia la cita, que Machado leyó a estos poetas catalanes en su juventud, quizá ayudado de alguna traducción al castellano, pues aquí reconoce que no domina la lengua, ya que la ve como “un cristal coloreado y no del todo transparente para mí”. Además, muestra una especial sensibilidad hacia la lengua, pues le gusta que le hablen en catalán: “¡Qué bien nos entendemos en lenguas maternas diferentes!”. Una voluntad de respeto y colaboración entre los hablantes de España que no siempre está presente (desde ninguno de los lados).

Entre sus escasas opiniones literarias vale la pena citar la crítica que hace a Arturo Serrano Plaja por su libro El hombre y el trabajo. Machado destaca varios elementos del libro. En primer lugar, la rehumanización de la poesía, porque muestra que da por superada la etapa de poesía experimental y vanguardista que criticó tanto en los jóvenes poetas del 27, sobre todo en su Juan de Mairena. No solo el hombre vuelve a ser el centro estético del poema (frente al protagonismo de la técnica de muchos poemas de los años 20, como ya analizó juiciosamente Ortega en su ensayo La deshumanización del arte), sino que, además, es una poesía sobre la guerra, la única que cree que pueda hacerse ahora, dada la urgencia del momento. Por eso alaba su compromiso: “Es Arturo Serrano-Plaja, dilecto amigo nuestro, un poeta soldado o soldado poeta, hombre tan a la altura de las circunstancias, que no ha pensado nunca en colocarse au dessus de la mêlée, sino más bien, au dedans, en el corazón mismo de la refriega.” Y concluye su juicio valorativo del poemario: “El hombre y el trabajo es un libro de guerra; porque el hombre al que alude Serrano Plaja es el que está defendiendo con las armas nuestro suelo y el porvenir de nuestra España; es el hombre también del trabajo fatal con que se gana el pan, que emplea toda la libertad de que dispone en combatir al esclavo del ocio”.

Este casi manifiesto estético enlaza perfectamente con las últimas composiciones que escribió nuestro poeta. Así, por ejemplo, esa oda pindárica que es el Himno para las juventudes deportivas y militares, de 1937 (en la que, por cierto, también se encuentra la idea de la traición a España):

Día es de alerta, día
de plena vigilancia en plena guerra
todo día del año. ¡Ay del dormido,
del que cierra los ojos, del que ciega!
No basta despertar cuando amanece:
hay que mirar al horizonte. ¡Alerta!
Los que bañáis los cuerpos juveniles
en las aguas más frías de la alberca
y el pecho dais desnudo al viento helado
de la montaña, ¡alerta!
Alerta, deportistas y guerreros,
hoy es el día de la España vuestra.
Fortaleced los brazos,
agilizad las piernas,
los músculos despierten al combate,
cuando la sangre roja grite: ¡Alerta!
Alerta, el cuerpo vigoroso es santo,
sagrado el juego cuando el arma vela
y aprende el golpe recto
al pecho de la infamia, ¡Alerta, alerta!
Alerta, amigos, porque el tiempo es malo,
el cielo se ennegrece, el mar se encrespa;
alerta el gobernalle,
al remo y a la vela;
patrón y marineros,
todos de pie en la nave. ¡Alerta, alerta!
En las encrucijadas del camino
crueles enemigos nos acechan:
dentro de casa la traición se esconde,
fuera de casa la codicia espera.
Vendida fue la puerta de los mares,
y las ondas del viento entre las sierras,
y el suelo que se labra,
y la arena del campo en que se juega,
y la roca en que yace el hierro duro;
sólo la tierra en que se muere es nuestra.
Alerta al sol, que nace,
y al rojo parto de la madre vieja.
Con el arco tendido hacia el mañana
hay que velar. ¡Alerta, alerta, alerta!

El poema nace de una anécdota concreta: la visita que hizo a Machado en Rocafort de una asociación de jóvenes deportistas. ¿Por qué se tomó tanto empeño y escribió con tanto entusiasmo el poema? Probablemente porque vio en los jóvenes atletas el esfuerzo y la lucha que debían mostrar los soldados en el frente. Así lo confiesa en el artículo de 21/X/1938: “Para terminar esta nota digamos que Serrano Plaja nos trae del corazón de la refriega visiones más hondas de las que hubiera podido tener al margen o por encima de ella. Digamos también que los trabajos y los días de nuestro siglo, no se encaminan a redimir al trabajador por el deporte, porque antes habrá que redimir al deportista por el trabajo”. Y añade: “Frente a frente nos encontramos hoy deportistas y trabajadores, trabados en una guerra que han inventado ellos, que nosotros sufrimos y que, por ser más suya que nuestra, tiene mucho más de trágico deporte que de trabajo cruento”.

Finalmente, entre los ejemplos de los poetas que se han comprometido con la guerra Machado destaca a Homero, que vivió la guerra al imaginarla, y hace una significativa comparación entre los héroes de la antigua épica y los modernos, aquellos que merecen ser cantados en la actualidad: “¿Qué podrá decirnos, que merezca oírse, sobre Áyax de Talemón o Aquiles de Peleo, mucho menos de Viriato o Juan Martín, quien se niegue a sentir el santo orgullo de oír la voz, o de estrechar la mano de un Carlos, de un Modesto, de un “Campesino”, de un Líster, de un Galán? ¿O esperamos a que pasen los siglos para decir algo bueno de esos gigantescos capitanes de nuestros días?”

Espacio disponible

Quizá por ello Machado se vio en la obligación de retomar el lugar del poeta ciego y cantar a los grandes héroes de la República. Pero no en un poema heroico, sino en un soneto dedicado A Líster, jefe en los ejércitos del Ebro:

Tu carta -oh noble corazón en vela,
español indomable, puño fuerte-,
tu carta, heroico Líster, me consuela,
de esta, que pesa en mí, carne de muerte.

Fragores en tu carta me han llegado
de lucha santa sobre el campo ibero;
también mi corazón ha despertado
entre olores de pólvora y romero.

Donde anuncia marina caracola
que llega el Ebro, y en la peña fría
donde brota esa rúbrica española,

de monte a mar, esta palabra mía:
“Si mi pluma valiera tu pistola
de capitán, contento moriría”.

O en una pequeña cancioncilla, el penúltimo poema que compuso:

La primavera ha venido
del brazo de un capitán.
Cantad, niñas en coro:
¡Viva Fermín Galán!
La primavera ha venido
y don Alfonso se va.
Muchos duques lo acompañan
hasta cerca de la mar.
Las cigüeñas de las torres
quisieron verlo embarcar.

Por tanto, esta colección de artículos titulada Antonio Machado a Barcelona (1938-399 Articles a Barcelona,  nos muestran las ideas que preocuparon a Machado en los últimos meses de su vida y resultan un marco explícito que contextualiza sus poesías de la guerra. A la vez, resultan un modo espléndido de ver como las ideas que protagonizan el pensamiento de un escritor pueden tomar forma en diferentes géneros: aquí, el artículo periodístico de opinión y los poemas.

Última actualización de los productos de Amazon en este artículo el 2021-12-08 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

Jorge León Gustá

Jorge León Gustà, Catedrático de Instituto en Barcelona, es doctor en Filología por la Universidad de Barcelona.

Su trabajo se ha desarrollado en estas dos direcciones: por un lado, como autor de libros de texto dirigidos a secundaria, y por otro, en el campo de la investigación literaria.

En el área de la educación secundaria ha publicado diferentes manuales de Lengua castellana y literatura en colaboración con otros autores, así como una edición de La Celestina dirigida al alumnado de bachillerato, Barcelona, La Galera, 2012..

Sus líneas de investigación se han centrado en la poesía del siglo XVI, el teatro del Siglo de Oro y las relaciones entre la literatura española y la catalana en el siglo XX.

Entre sus artículos destacan los dedicados a la obra de Mosquera de Figueroa: “El licenciado Cristóbal Mosquera de Figueroa, de quien ha publicado las Poesías completas, Alfar, Sevilla, 2015.

Las investigaciones sobre el teatro del Siglo de Oro le han llevado a colaborar con el grupo Prolope, de la Universidad Autónoma de Barcelona, cuyo resultado fue la edición de la comedia de Lope de Vega, Los melindres de Belisa, publicada en la Parte IX de sus comedias, en editorial Milenio, Lérida, 2007.

Además, ha sido investigador del proyecto Manos teatrales, dirigido por Margaret Greer, de la Duke University, de Carolina del Norte, USA, con cuyas investigaciones se ha compilado la base de datos de manuscritos teatrales de www.manosteatrales.org. Su colaboración de investigación se centró en el análisis de manuscritos teatrales del Siglo de Oro de la antigua colección Sedó que están depositados en la Biblioteca del Instituto del Teatro de Barcelona.

En el campo de las relaciones entre las literaturas catalana y española, ha estudiado la influencia del poeta catalán Joan Maragall sobre Antonio Machado, así como la de Rusiñol en la génesis de sobre Tres sombreros de copa de Mihura.

Del estudio de la interinfluencia del catalán y castellano ha publicado un artículo de carácter lingüístico: “Catalanismos en la prensa escrita”, en la Revista del Español Actual (2012).

Ha publicado el libro de poemas Pobres fragmentos rotos contra el cielo

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • Los candiles de Albarracín
  • In articulo Mortis: el último aliento
  • Hasta pronto Cataluña
  • Espacio disponible para tus productos o servicios
  • la-gracia-del-delfín
  • Espacio disponible para tus productos o servicios
  • Hasta pronto Cataluña
  • palabras
  • Espacio disponible para tus productos o servicios
Escritores Híspanos
  • sociología-y-literatura
  • Espacio disponible para tus productos o servicios