Las nueve musas
La obsesión de mateo

La obsesión de Mateo

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En algún momento de su niñez Mateo sintió que no tenía control sobre ningún parámetro que tuviera que ver con lo que le rodeaba y que, por tanto, tampoco podía tenerlo sobre su mundo interior.

De esa realidad a la conclusión de que debía tratar de ejercer control sobre todo, Mateo dio un inmenso salto. Mateo estaba preso de una falsa ilusión de control.

El ser humano debe aceptar de inicio que el mundo implica caos, descontrol e incertidumbre. Y debe aprender a disfrutar y estar tranquilo ante esa realidad. Para ello se impone el desarrollo de una flexibilidad suficiente para adaptarse a los cambios y tolerar ocasionales e inevitables frustraciones.

Mateo, un tanto narcisista además de obsesivo, plantaba cara al mundo y procedía metódicamente en el ámbito académico y laboral, era detallista y prolijo en su discurso, fijado al inmenso océano léxico que habitaba en él era firme y exigente con los demás y con él mismo. Sin apenas pretenderlo, escudriñaba los recuerdos, analizaba situaciones, visualizaba conversaciones y buscaba comprender todo. Mateo vivía como ven en una actitud vital de omnipotencia.

El obsesivo busca estudiar y controlar la vida porque en algún momento de ella se asustó ante el descontrol de su vida interior.

Cree que si controla lo externo podrá automáticamente controlar lo interno. No sabe que esa disociación entre lo interno y lo externo casi no existe; tampoco el dualismo cartesiano entre “cuerpo y alma”.

El obsesivo vive en parte aislado afectivamente de las personas que le rodean porque las personas desordenan y conllevan ciertos quebraderos de cabeza para él. Estudia la vida y olvida muchas veces disfrutarla, vivirla.

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A su mente, siempre saltando hacia el pasado ganándose la culpa o hacia el futuro buscando miedos, le conviene entrenarse en el saludable arte de detenerse en el aquí y ahora del presente. Es ahí donde aprenderá a no castigarse continuamente y a permitirse ser más feliz.

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Pedro Rico

Pedro Rico

Pedro Rico nació en Gijón; sin embargo, se crió y creció en Oviedo (Asturias), en cuya Universidad se licenció en Psicología en 2006.

Psicólogo clínico, ha trabajado en una unidad de corta estancia, una unidad de rehabilitación y hospital de día para trastorno mental grave, centros de salud mental para adultos, infanto-juveniles y toxicomanías, servicios de interconsulta en dos hospitales generales con incidencia en apoyo a la Oncología, un centro de atención primaria, un centro de daño cerebral y un centro psicogeriátrico.

Me formé en la utilización de técnicas provenientes de las escuelas más importantes, como el conductismo, el cognitivismo, la terapia familiar y sistémica o las perspectivas más filosóficas y humanistas.

Tuve la oportunidad de poner en práctica dichos conocimientos, así como dirigir terapias grupales orientadas a diferentes patologías.

Este recorrido desembocó en mi paso por la Unidad Asistencial de Formación e Investigación en Psicoterapia del Hospital Universitario La Paz en Madrid. Esta unidad articula un programa formativo para psicólogos y psiquiatras basado en la integración de conceptos y herramientas de las perspectivas más válidas en la atención a la salud mental en diversos servicios asistiendo a personas ingresadas por distintos motivos médicos, a familias y a grupos.

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