Las nueve musas
Batalla Naval, Santiago de Cuba.

La Batalla Naval de Santiago de Cuba. (III)

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En el capítulo previo, se mencionó que todos los grandes cruceros, a pesar de ser alcanzados por el fuego enemigo, lograron mantenerse a flote el tiempo suficiente para ser embarrancados cerca de la costa sin hundirse.

Al concluir la batalla, solo el contratorpedero Plutón había sido hundido directamente por los disparos enemigos, mientras que el resto de los buques españoles seriamente dañados fueron embarrancados por sus capitanes. Los cañones españoles causaron pequeños daños en los buques estadounidense Brooklyn, Oregón, Texas, Indiana e Iowa. Los estudios posteriores a la batalla revelaron que ambas escuadras habían intercambiado un fuego impreciso.

Los datos verídicos sobre las víctimas de ese ensañamiento, advierten de un marinero estadounidense muerto y dos heridos leves frente a 343 muertos, 151 heridos y 1890 prisioneros españoles.

El almirante Cervera fue hecho prisionero. Peor suerte corrió el capitán de navío Fernando Villaamil, que resultó muerto en combate a bordo del Furor. El capitán de navío Joaquín Bustamante no participó en la batalla, pues había desembarcado al mando de las columnas de desembarco, resultó herido en la batalla de las lomas de San Juan, cerca de Santiago de Cuba, y falleció pocos días después.

Tras la guerra, Pascual Cervera y Topete el valiente almirante de la flota Ibérica tuvo que soportar la iniciación de un procedimiento contra él y sus oficiales supervivientes, el cual, tras el clamor popular y las voces que se pronunciaron a su favor desde el exterior, dio como resultado el sobreseimiento de la causa y la restitución del honor del almirante.

La Batalla Naval de Santiago de Cuba

Fidel Castro Ruz, el líder de la Revolución Cubana, gran estratega militar, expresó sobre esta batalla, en una entrevista a la prensa española que acompañaba al entonces Ministro de Industrias de ese país, el 23 de junio de 1998, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana:

«[…]creo que una de las páginas más heroicas de la historia de España la escribió la escuadra de Cervera, y la más grande victoria moral. Realmente yo casi me rio cuando veo a los vecinos hablando de sus glorias en aquel episodio.

Fue una batalla donde tuvo lugar un gran heroísmo, no por parte de los supuestos triunfadores; en la historia no constará lo que hicieron los norteamericanos, la historia hará constar como un ejemplo imperecedero lo que hicieron los marinos de los barcos españoles, que salieron uno a uno del puerto de Santiago de Cuba por una estrecha boca, frente a una escuadra en completa formación, con cañones, blindaje y armamento tres veces superior a la española. […] No combatió la escuadra de Cervera, combatió cada barco de la escuadra de Cervera…»

La flota española fue enviada a una guerra que estaba destinada a perder desde el principio por líderes políticos que eran conscientes del dominio del enemigo. Sin embargo, optaron por no enfrentarse a una población que había sido convencida del triunfo por una prensa irresponsable y sensacionalista, y que no habría permitido que el ejército no actuara ante un ataque contra el territorio nacional (Cuba no era considerada una colonia, sino una provincia más del país; pero tanto legalmente como de hecho era administrada como una colonia). El almirante Cervera y sus subordinados estaban resignados a ir a una guerra perdida en la que probablemente morirían.

Cervera y sus líderes mantenían posturas opuestas sobre cómo debían actuar. Cervera siempre obedeció las órdenes recibidas, pero lo hizo a regañadientes, en el último momento y mostrando su desacuerdo.

La decisión de Cervera de salir de Santiago a plena luz del día y pegado a la costa solo se explica desde el punto de vista humanitario, para tratar de minimizar el número de víctimas en la batalla, lo cual confirma que Cervera daba por perdida la batalla antes de iniciarla.

Esta forma de pensar y actuar coincide con su decisión inicial de evitar enfrentarse a la escuadra estadounidense y esperar resguardado en el puerto, lo que resultó indudablemente errado y contraproducente, ya que de todos modos tuvo que acabar enfrentándose a la flota estadounidense y en una situación infinitamente más desventajosa que en una batalla en mar abierto, ya que sus buques tuvieron que salir del puerto y presentar batalla de uno en uno. El puerto de Santiago parecía un buen refugio, ya que ofrecía protección a la flota frente a un ataque de fuerzas navales, pero por esas mismas características resultó una trampa para la flota española.

Las presiones que Cervera recibió de los líderes desde Madrid pudieron deberse a que estos preferían una derrota naval antes que ver los buques españoles capturados intactos y exhibidos como trofeos de guerra por los norteamericanos. En tal caso, esa “estrategia” -dejando de lado la moralidad de enviar a cientos de marineros a una muerte segura- fue efectiva ya que ninguno de los 6 buques españoles pudo ser reflotado con éxito por los estadounidenses. Lo intentaron con el Cristóbal Colón y el Infanta María Teresa, pero fracasaron, y el resto de naufragios fueron declarados como pérdida total por los daños sufridos en la batalla.

Aunque hay que reconocer que las fuerzas navales españolas eran notablemente inferiores a las estadounidenses, Cervera fue incapaz de idear una estrategia militar coherente y estructurada. Antes de que la flota estadounidense bloqueara el puerto de Santiago, el capitán de navío Fernando Villaamil había propuesto realizar acciones ofensivas para hacer replegarse al enemigo y conseguir un mayor equilibrio de fuerzas. Una vez que se produjo el bloqueo, el también capitán de navío Joaquín Bustamante había propuesto una salida nocturna escalonada, y Fernando Villaamil realizó una nueva propuesta para lanzar un ataque nocturno por sorpresa con torpedos con los dos destructores que le quedaban. Pero las tres propuestas fueron desestimadas por Cervera. Parecía que desde ya se sentía muerto o prisionero de los norteamericanos.

Destacados investigadores cubanos dicen que algunas decisiones de Cervera fueron probablemente erróneas: la distancia entre un barco y otro al salir fue excesiva, y es bastante discutible si el orden de salida elegido fue el más adecuado. A pesar de los esfuerzos de Villaamil, la utilización que hizo Cervera de los destructores fue manifiestamente dilatada y poco productiva.

Lo más seguro de todo esto es que los marinos españoles lucharon con valentía a pesar de ser víctimas de un fusilamiento al salir de la bahía.

Su valentía, honor y dignidad los colocan como los vencedores morales de una batalla que no existió, ya que lo que realmente ocurrió fue una carnicería. ¡Honor al almirante Pascual Cervera y Topete y a todos sus hombres que se sacrificaron por el honor de España!

La Batalla Naval de Santiago de Cuba. (II)

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Las Tunas (1953) Periodista, Investigador de temas históricos, documentalista, escritor.

Graduado de Licenciado en Periodismo en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba. Diplomado en Historia y Marxismo, en la Universidad “Ñico López”, La Habana. Diplomado en Nueva Realidad del Periodismo Latinoamericano, Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, La Habana.

Tiene publicado los libro: Quifangondo a Vitoria é Certa. «Editorial Capitán San Luis», La Habana, Cuba. Legado Inmortal; Madrugada de los Gallos; Las Desavenencias en las guerras: dos conflictos y… Soliloquio: El general dice su verdad. Todos en Editorial AutoresEditores.com. Colombia.

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