Las nueve musas

El Nacimiento… ¿Principio o final de la Palabra hecha carne?

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El Nacimiento o Montaje viviente como es su nombre original otorgado por san Francisco de Asís, narra en su creación, no sólo una creación artística y religiosa, sino que paralelamente en sí mismo cada nacimiento contiene una narrativa política, social, ética, histórica, antro-arqueológica e incluso un lenguaje moderno neurocientífico otorgado por la profundidad de la Mística.

Jesús el hijo de D/os, el Profeta, el Mensajero, el Iluminado, el rebelde, dependiendo de como cada religión lo nombra, marca el tiempo y el espacio más allá de si se es creyente o no, particularmente, porque es La Palabra hecha Carne, Logos que antes de ser pronunciado ya era existente, sin embargo; se podría decir, que la existencia de Jesús comenzó con la Muerte para dar Vida, de manera semejante a como Alejo Carpentier en viaje a la semilla narra el sentido verdadero de la Existencia.

La vida de Jesús, narrada en los primeros capítulos del evangelio de Mateo y Lucas 1,2 nos introduce a las reformas que su presencia provocó aún antes de la procreación.

Como principio tenemos la Encarnación, la cual responde a las cultura griega y romana, las cuales a través de su panteón mostraban el poco valor otorgado a la mujer y la indignación que sentían los dioses al convivir con estos, así estos dioses sementales como Zeús, se divertían con los seres humanos, gozaban de las mujeres, pero sin tocarlas, creando semidioses quienes competirían por el poder, aunado a que jamás se le preguntaba a la mujer si estaba de acuerdo o no, eran tomadas y si se resistían sabían que serían víctimas de la venganza de los diose; de manera diferente, el D/os de Jesús, envía a un ángel, a  un mensajero a preguntarle a María si esta de acuerdo en que germine en ella la Vida y la Existencia. Ella escucha, reflexiona, se toma su tiempo, pregunta y después de escucharse a sí misma, responde FIAT, es decir, sí, un Sí con toda Su voluntad, con todo lo que es en Sí misma, porque escuchaba con su corazón, a lo que remarcamos que el corazón para los pueblos semitas es donde habita la comprensión y el entendimiento;  esta respuesta de María, esta pregunta de D/os, no sólo recuerda a los primeros padres sino que cambia la historia porque le restituye a la Mujer su Voluntad, su Opinión, su Integridad y sobre todo su Dignidad, por ello es nombrado Jesús, el Segundo Adán y María la Segunda Eva, porque en ellos se restituye lo que no se reflexionó desde el Principio.

Lo cual no es más que una enseñanza ética para el Hombre, porque se nos muestran dos caminos, lo que pasa cuando se come primero del árbol del Conocimiento de la Bondad y la Maldad, que es símbolo de la Experiencia, y lo que sucede cuando se nutre con el Árbol de la Vida, es decir con la Palabra de D/os. ¿Por qué se menciona todo esto?, porque sin comprender el Alfa y el Omega, el Principio y el Final, no se entiende el origen del Nacimiento de Jesús, quien comenzó con la Muerte y finalizó con la Vida.

Jesús es enviado para restituir la Gracia, la comprensión de la Palabra a través de la reflexión, recordemos que el relato de los orígenes nos narra que la caída del Hombre-Humanidad, no Pecado, significa no comprender la Vida desde la visión de D/os, esto hace que el Hombre se confunda y ya no sepa quién es, no por falta de respuestas sino por la ausencia de la pregunta correcta, D/os se da cuenta de esto y trata de ayudar al Hombre, por ello, no lo juzga, sólo lo cuestiona, ¿Dónde estás? ¿Cómo sabes que estás desnudo? ¿Acaso comiste del árbol?, ¿Dónde está tu hermano?, porque sabe en cada pregunta el Hombre entrará en sí mismo y retornará a su esencia, por ello, le dice Shema, Escucha Israel a tu Señor, para que se cuestione, por esta razón, todos los Profetas y Enviados, se fundamentan en las preguntas, no dan respuestas de manera semejante a como la dialéctica filosófica se fundamenta en sólo cuestionar, de ahí la profundidad de las parábolas… quien tenga oídos que escuche.

Por ello, esta exposición comienza en el Génesis.

El Nacimiento, comenzó con la vida física, pero con la Muerte Espiritual de una comunidad, por esta razón, Jesús otorga al Tiempo y al Espacio un nuevo comienzo.

Esta representación en sus inicios se realizaba con personas, después por diferentes cuestiones se recreó a través de figuras, que tienen en sí mismas mensajes importantes en diversos ámbitos, comencemos por las figuras de María y José, símbolos de la Escucha y el Silencio, mientras que Jesús es la Palabra, el Logos. Tener en claro esto es fundamentan, porque nos enseña que sin la Escucha y el Silencio la Palabra no puede existir ni comprenderse, aunado a ello, se retorna al origen, a la unidad, al único D/os cuya analogía es el cerebro, complementado por dos hemisferios: el derecho donde habita lo Femenino, la Creación, el Arte, la Subjetividad, lo Negativo, la Oscuridad, -no en un sentido peyorativo- y el hemisferio izquierdo, hogar de lo Masculino, de las Decisiones, de la Objetividad, de lo Positivo, de la Luz, sin olvidar que la Luz tiene su Principio en la Oscuridad.

Los hemisferios cerebrales nos muestran que cada uno se apoya en el otro para poder existir, de manera semejante, esto se demuestra en las figuras de María y José, particularmente a través de sus posturas, por ello, la figura de la Virgen tiene su rodilla izquierda puesta en el piso y la rodilla derecha levantada; y José su rodilla derecha en el suelo y la izquierda levantada, como signo de su actitud en la tierra, de una Unidad que se complementa teniendo en su centro a lo nuevo, a lo que emerge en la Pureza… la Palabra.

Jesús es esa Palabra que surge con toda la Inocencia y la Convicción de quien comienza a ser, de quien ha estado en Silencio y ha Escuchado, sólo después de este periodo se puede pronunciar una Palabra, y esto se repite como una Bendición en cada Nacimiento.

Contemplemos a un bebé, tiene su periodo de Silencio, su tiempo de Escuchar hasta que encuentra su punto en el Espacio, en el cual decide comenzar a pronunciarse.

Esta enseñanza que trae consigo la Divina Familia debe ser un reflejo constante en la construcción social.

Aunado a ello, se encuentran los colores de la vestimenta: el rosa y el azul en el caso de María. El rosa en sentido religioso, surge al mezclarse el agua del Costado de Jesús con la Sangre, recordando que el Agua es símbolo de la Existencia, y la Sangre de la Vida, además, resaltemos que el Agua que surge del Costado de Cristo nos recuerda la igualdad entre los seres humanos, porque la mujer no fue tomada de la cabeza para que domine, ni de los pies para que sea esclava sino de la costilla símbolo de la Igualdad.

El color rosa es el reflejo de la perfección al ser la Imagen de la regeneración, de lo que a partir de la Muerte otorga Vida, lo cual se mezcla con el símbolo del color azul, reflejo de Distinción, de lo Celeste, de la Verdad y la Pureza. Así, al mezclarse el rosa con el azul, se otorga a quien observa Paz al eliminar materialidad.

José es revestido con el color café símbolo de la tierra, el verde de la esperanza, de la belleza de lo terrenal, es el color de la Salvación de la Fertilidad, es decir de la mezcla de lo Femenino y lo Masculino entrelazado con el azul.

Cada una de estos significados toma sentido en las Palabras de D/os en el Séfer Bereshit… y serán vestidos con vestimentas de carne, porque en el origen sólo se era energía.

Belén vivienteLos Pastores, son el signo de la Custodia, de todo aquel que Protege y Dignifica, de quien tiene como Misión dar Seguridad al débil, por lo que siempre debe de estar Vigilante, por ello, son llamados para Escuchar en el Silencio lo Sagrado, que ante la nueva Vida les muestra la Responsabilidad y Protección que deben ejercer en toda existencia humana y creatural, es por esto que se les muestra el camino a través de una luminaria, la llamada Estrella de Oriente.

Recordemos que el Oriente se encuentra en el Centro de la Frente, donde habita la Glándula Pineal, donde emerge el Tercer Ojo, así su presencia nos devela que sólo quien se permite abrir este Tercer Ojo podrá Escuchar a través del Silencio la Palabra de lo Divino.

La Estrella es signo de la Belleza que va más allá de los Sentidos, de la Sinestesia que influye en el Pensamiento. La Estrella trae esa Fuerza Divina que D/os ha colocado en el interior del ser humano, por eso, son consideradas Custodias del Universo, Puertas abiertas al Cielo. La estrella es el Ojo del Cielo, colocado en la Pineal para que a través de un Trabajo Espiritual el Hombre se encuentre con D/os, porque a través de estás D/os contemple no sólo hacia la tierra, sino hacia el interior del ser humano. Por lo tanto, la colocación de la Estrella de Oriente es un recordatorio de lo importante de la Palabra que sólo puede tomar sentido a través de la Escucha y el Silencio.

Los animales, el Buey reflejo de Bondad, Humildad, Capacidad de Trabajo y Nobleza, fundamentada en su origen, el Toro, imagen de las antiguas civilizaciones que está lleno de Fuerza, pero que ha sido dominada a través de la Constancia, la Disciplina y la meditación. El hecho de que sea un buey, nos enseña, que este toro ha sido castrado de toda esa furia, y que a partir de Jesús el dominio por el poder de las antiguas civilizaciones, las cuales se representaban a través del toro, ahora se postran ante el Amor y la Misericordia, como una Enseñanza Ética de la forma en la que debe comportarse el ser humano, es decir, reconocer su fuerza, pero dominarla a través de la Responsabilidad.

El asno, les otorga un valor fundamental a todos los marginados, a todos los que habían sido renegados y exiliados, y quienes ahora se encuentran cerca de lo divino. El asno en las civilizaciones de alrededor era considerado un animal únicamente de trabajo y sin razón, convirtiéndose en un símbolo de los pueblos, por ello, en este nuevo renacer, se encuentran cerca de D/os, porque para el D/os de Jesús, los marginados, los rechazados son lo más puro, especialmente porque conservan la inocencia original, además para los profetas, el asno es un signo de distinción, por que tiene en sí mismo la constancia y la sabiduría, de ahí el asno de Balaam, quien es el único que comprende la Voluntad de D/os, analogía de los sencillos que no buscan milagros resplandecientes de lo sagrado sino que lo comprenden en lo más pequeño, incluso, ahí, en ese grano de mostaza, como lo menciona los Evangelios.

Balaam y el ángel
Balaam y el ángel (1836), obra de Gustav Jaeger

También tenemos a los Sabios de Oriente, recordando que ésta se encuentra en el centro de la frente, así estos sabios representan la Palabra, la Escucha y el Silencio, la tríada espiritual, fundamento de lo Sagrado, también simbolizan los tres puntos en los que se divide la Creación, inframundo, tierra y cielo, reflejando Muerte, Vida y Existencia. Los sabios llevan consigo tres regalos, oro, mirra e incienso, que reflejan la riqueza material, humana y celestial, entrelazadas y fundamentales para la humanidad. Recordando que la riqueza no es juzgada por ninguna religión, lo único que se cuestiona es que la riqueza no sea un elemento que ayude a fortalecer y crecer en comunidad, que haga al Hombre egoísta, la riqueza debe ser compartida.

Por otra parte, se encuentra el Pesebre, símbolo de lo Sencillo, de la Casa, del Cuerpo como un templo enriquecido por el vacío, donde se comprende que entre más vacío más lleno, es decir, entre más desocupado se encuentre nuestro interior de deseos, de preocupaciones, de ansiedad, de espera, más colmado se estará de D/os, porque sólo habitará la Alegría de Escuchar en el Silencio la Palabra de lo Divino.

Como podemos ver, la colocación del Nacimiento, más allá de la belleza artística, tiene como objetivo central ser esa Estrella de Oriente que abra el Tercer Ojo de quien lo contempla.

El Nacimiento tiene su Principio en la Muerte, en esa provocada por el mal entendimiento de la Caída, y se menciona mal comprendido porque se experimentó malamente como Pecado, recordemos que el Talmud señala que debemos caer setenta veces siete, porque sólo la Caída nos vacía, y nos fortalece en nuestro rumbo.

El nacimiento de Jesús surgió desde la Muerte de una sociedad corrupta, alejada de D/os, donde el poder había prostituido el Mensaje de los Profetas a su conveniencia, donde los más débiles eran segregados, y la tierra era víctima de la avaricia y el egoísmo.

El Nacimiento de Jesús tiene su primer respiro en una sociedad que juzga, que se encierra en sí misma olvidándose del Prójimo, cubriéndose con la hipocresía de los rezos mientras a su alrededor la gente muere de hambre física y espiritual.

Por ello, es sumamente importante comprender y profundizar en la Diversidad de maneras en las cuales las Cinco Grandes Religiones manifiestan y se acercan a su ser, porque Jesús es para el Hinduismo y el Budismo un Iluminado, para el Judaísmo un Rebeldes Social, para el Islam el Segundo Profeta más importante después de Muhammad, y para el Cristianismo el Hijo de D/os, de este D/os quien a diferencia de las otras deidades ha contraído su grandeza en el Cerebro y en el Corazón del ser humano al expandirse en siete lenguajes (corporal, emocional-sentimental, instintivo, sensorial, racional, sexual, espiritual).

El Nacimiento de Jesús es el Final que da Principio a la Vida dada a través de la Crucifixión y de la Existencia que predomina en la Resurrección, y la cual no es más que este Renacer, este nuevo Nacimiento que tiene como Principio, Entender que somos Energía que no extingue, sino un Energía que tiene no sólo la Posibilidad sino la Misión de transformarse a través del Trabajo, la Bondad, la Verdad, La Alianza, La Búsqueda, El Amor y la Misericordia, Principios con los cuales compartiremos el valor de ser Palabra hecha Carne…

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Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León

Hermeneuta en Libros Sagrados y Lenguas Antiguas.

Maestra en Ciencias Bíblicas y Hebreo Antiguo. Maestrante en Estudios Judaicos por la Universidad Hebraica. Licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad Pontificia de México. Especialidad en islam por la Universidad de Al Azhar de El Cairo, Egipto.

Especialidad en el Pensamiento del Papa Francisco y el Libro del Apocalipsis por el Boston College.

Especialidad en Música Contemporánea (Piano-guitarra).

Generación XXXII de la Sociedad de Escritores Mexicanos (SOGEM).

Ha publicado treinta y siete libros en México, España, Estados Unidos e Italia en diversos géneros literarios y teológicos.

Conferencista a nivel internacional.

Creó y desarrolla la teología del Silencio y de la Carne la cual entrelaza con la investigación mística, científica y musical bajo el nombre de “Lectura gemátrica, pitagórica y cuántica del Séfer Bereshit 1-3 -Hashem se revela a través del Big Bang-

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