Las nueve musas
editor responsable

El editor responsable en la nueva Guerra de las Galaxias

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El autor de este artículo se ha propuesto reivindicar la figura del editor responsable, una figura que está al borde de la desaparición si contemplamos el cúmulo de publicaciones truncas y corruptas en su textualidad que circulan no solo por internet, sino desde hace tiempo también en la galaxia Gutenberg.

La fidelidad al texto es —cree el autor —el cimiento de la cultura escrita y, por derivación, de la educación o paideia basada en los textos. (Aun aceptando como naturales los cambios introducidos por la transmisión).

Rebajas

Por el contrario, asistimos hoy al fenómeno de hacer pasar por natural el genocidio de los textos, una misión en la que están empeñadas las fuerzas de la Galaxia digital y los restos de la Galaxia Gutenberg, quizá con el objeto oscuro de hacer plausible cualquier interpretación y hacer circular con más rapidez las fakes o apariencias de verdad (fáctica o textual).

Las próximas Guerras de las Galaxias que ofrecerán en nuestras pantallas domésticas las grandes empresas de animación cinematográfica serán, no entre drones ni androides, sino entre “editores”.

El autor de este artículo se dispone a recordarnos los elementos de la ecdótica necesarios para la edición responsable de textos.

***

La edición de textos, manuscritos o impresos, puede ser de tres tipos, básicamente: diplomática, facsimilar o crítica.

La edición diplomática se propone una reproducción de las características textuales del modelo, aunque no consiste en la reproducción mecánica, fotográfica, del mismo, como en el caso de la edición facsimilar. En la edición paleográfica o diplomática, el editor no interviene —o sólo lo hace mínimamente con su juicio filológico. Respeta las lecciones del texto editado, sin discriminar entre otras posibles variantes (de otras ediciones anteriores o testimonios, que pueden ser también manuscritos, no sólo impresos). Conserva la grafía y ortografía del modelo y, en general, todas las características lingüísticas y tipográficas que aquél presenta. El aparato crítico será, si lo hay, mínimo. Sobre todo, el aparato crítico textual puede aparecer, en breves y no muy prolijas notas, a pie de página, o en una “addenda” final.

A veces este tipo de edición diplomática incluye las dos versiones que puede haber de un texto, en el caso de una tradición con dos testimonios. Se denomina, en ese caso, edición sinóptica (las versiones se disponen, de forma paralela, en sendas columnas, en la página). Ese formato de edición no resulta práctico en la actualidad; por lo que lo común es la edición diplomática, tal como hemos señalado: sin referencia a otros testimonios. El editor debe señalar el número de página del modelo, mediante una barra (/) y un número, para poder cotejar en nuestra lectura la distribución del texto en las páginas originales. El editor tampoco puede conjeturar en el caso de presentar lagunas alguna parte del texto.

Finalmente, la edición diplomática se suele usar preferentemente en la edición de documentos, crónicas, archivos legales, y otros documentos de interés histórico y paleográfico.

Como he indicado, la edición facsimilar consiste en la mera reproducción fotográfica. No siempre, sin embargo, es la edición más fiel, pues la reproducción mecánica puede estar sujeta también a diversos tipos de errores.

Por último, la edición crítica proviene del ámbito de la filología y el humanismo, y es la forma de edición que tiene más importancia culturalmente (no sólo conserva los textos, los actualiza, les da vida por medio de su labor científica, para que tanto el lector experto como el lector amplio puedan acceder de la mejor manera a la voluntad expresiva de los autores).

La ecdótica o crítica textual sirve los métodos y técnicas de la edición crítica (que comprende, básicamente, estas fases: recensio textus, emendatio textus, constituto textus y dispositio textus, más aparato crítico. Alberto Blecua añade la “corrección de pruebas” como colofón y tarea a realizar por el editor crítico sobre el propio texto que presenta).

La edición crítica, en suma, es el tipo de edición más complejo, que parte de una fase previa (inventario, colación de variantes, selección de éstas, elaboración de un “stemma” —estema—o árbol genealógico de los testimonios que se incluyen en la tradición de una obra), y a raíz de dicha investigación filológica (que debe apoyarse también en el conocimiento histórico de la tradición de esa obra; incluso debe conocer la bibliografía material y la crítica genética del texto), establece la mejor restitución del texto original (o, al menos, del supuesto arquetipo).

El editor, en la fase de constitutio textus, a veces recurre a su propio juicio, ayudado, en su conjetura, por dos criterios filológicos: “usus scribendi” y “lectio difficilior”. (Para ello, debe conocer el uso de la lengua o idiolecto literario y estilo del autor y su época, género, métrica, etc.). Debe guiarse por el principio de que los posibles errores y variantes, de copistas e impresores, trivializan el texto, “leen” lo más fácil o simple: “lectio facilior”.

Por otra parte, a veces la construcción del “stemma” facilita la selección de las mejores lecciones, o más próximas al arquetipo; sin que se pueda confiar todo a la mecánica de la “ley de la mayoría” que dicta el cuadro filiativo.

En fin, en la dispositio, el editor crítico dispone de mayor licencia que en la edición paleográfica, a la hora de respetar o modernizar la ortografía, puntuación, acentuación. Desarrolla, también, las abreviaturas; y al uso moderno, debe separar o unir las palabras —para facilitar la inteligibilidad. Ha de anotar, en el apparatus criticus, las variantes desechadas, así como, a pie, incluir notas explicativas sobre los diversos “pasos” del texto, para aclarar alusiones, o dirigir al análisis lingüístico o estilístico de los conceptos y términos que aparecen en la obra: su labor es propedéutica de la hermenéutica y la crítica literaria.

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Fulgencio Martínez

Fulgencio Martínez

FULGENCIO MARTÍNEZ LÓPEZ nació en Murcia; es editor y director de la revista Ágora-papeles de Arte Gramático.

Profesor de filosofía, poeta, ensayista y autor de relatos. Ha publicado, entre otros, los poemarios La segunda persona (Sapere aude, Oviedo, 2021), Línea de cumbres (Madrid, ed. Adarve, 2019), Cancionero y rimas burlescas (Renacimiento Sevilla, 2014), León busca gacela (Renacimiento, Sevilla, 2009), El año de la lentitud (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2013).

Ha publicado la antología La escritura plural, 33 poetas entre la dispersión y la continuidad de una cultura, con textos en cinco lenguas españolas: vasco, catalán, gallego, español y sefardí. (Prólogo de Luis Alberto de Cuenca. Ars poética, Oviedo).

Es autor de un ensayo sobre la filosofía de Antonio Machado, publicado en la revista Symposium de la Universidad Católica de Pernambuco (Recife, Brasil). Y del libro de relatos El taxidermista y otros del estilo (Diego Marín, ed. Murcia).

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