Las nueve musas
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El activismo pedagógico analizado en «Sala de profesores»

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De los perdedores la Historia no deja nada escrito. Sin embargo, voy a comentar un poco la película Sala de profesores, film alemán que estaba nominado en la reciente edición de los Oscars en la categoría de película internacional.

sala de profesores

Escribo este artículo un lunes después de conocerse los ganadores de la Academia de Cine americana en la edición de 2024. Como ya sabrán, Oppenheimer acaparó siete premios, entre ellos a la mejor película, al mejor director para Christopher Nolan y al mejor actor protagonista, para Cillian Murphy.

En el segundo lugar en el palmarés de la 96ª edición se alzó la película Pobres criaturas, que obtuvo cuatro Oscars, entre ellos al de la mejor interpretación femenina protagonista, para Emma Stone. Un film del que hicimos los honores, La zona de interés, del director británico Jonathan Glazer, ha merecido dos estatuillas: a la mejor película internacional y al mejor sonido. El mejor guion correspondió a la película francesa Anatomía de una caída, dirigida por Justine Triet.

Confieso que no suelo seguir la ceremonia hollywoodiense, este año creo que no han dado tanta tabarra con los mensajes extracinematográficos con los que intentan llamar la atención y publicitar la ceremonia de los oscars más allá de una simple entrega de premios profesionales y artísticos. Pero hay que reconocerles a los americanos una cosa: que saben hacer bien la propaganda y que tienen razón para estar orgullosos de mantener desde hace casi un siglo su escaparate iluminado en la mejor y más concurrida de las avenidas. Una tienda abierta desde 1929, y que ha pasado de los poco más de 200 asistentes que pagaron a 5 dólares su entrada en aquella primera ceremonia que se celebró en el Hotel Roosevelt en Hollywood, a millones de espectadores. No se puede decir ciertamente que sea solo una tienda vintage esa de Hollywood. Echamos, eso sí, en falta los estudios italianos, de Cinecittà, los equivalentes de Cifesa en España, y los similares en Francia e Inglaterra.

Paso a cumplir lo prometido, mi comentario de Sala de profesores (Das Lehrerzimmer), dirigida por Ilker Çatak. A pesar de las expectativas suscitadas, y de los premios y nominaciones recibidos por esta película, la cinta alemana podría ser perfectamente una de esas películas de lote que se exhiben en la tele, en Antena 3, a la hora de la siesta. No comprendo cómo pretendieron competir en Hollywood, o pensaron que Hollywood eran los Goyas. ¡Qué desinformación por parte de la productora de la película y de su publicidad! Bajo apariencia de thriller (no hay tal, ni siquiera medio thriller) el director ha filmado un guion confuso, plano, tratando de hacer lo que en literatura se llama novela de tesis, aquí, cine de tesis.

Demostrar la ruina o disfunción sistémica de la educación en Alemania (al fin, la película puede llamarse un drama social o, más concretamente, una fábula pedagógica o antipedagógica, según se interpreten las intenciones del autor de la película) es la finalidad a la que se encadenan todos los sucesos de la obra, conflictos que vienen de acciones faltas de lógica o de prudencia por parte de los profesores que llevan a situaciones irracionales que escapan al control de los responsables adultos, tanto padres o madres de alumnos como maestros.

Son los niños, adolescentes de 12 años, los que llevan la iniciativa en el instituto, convocados incluso a las reuniones del Consejo escolar (¡cuánto eso nos recuerda al disparate del sistema educativo español, copiado en parte de la pedagogía “democrática” alemana!, estos alemanes que han vivido siempre en dictaduras, y cuya última, la de la RDA, cayó con el muro de Berlín, incluso después de la nuestra, la de Franco). Son esos acomplejados “demócratas” (pero menos que nosotros), junto con sus colegas del Norte, suecos, finlandeses, etc, los que nos vendieron durante años la bola de que poseían el mejor sistema de educación, esa pedagogía centrada en el niño y en el desarrollo libre de su inteligencia y todo tipo de capacidades.

Ninguna familia puede funcionar bien si los padres, o tutores adultos, no pueden dialogar sobre las decisiones que afectan a los hijos con el derecho de hacerlo en privado, y no en presencia de los hijos, con total libertad y responsabilidad, es decir, hablando claro, sin querer quedar bien con los hijos, o con los niños, porque querer quedar bien, bien sea por uno de los adultos o por el otro, suele llevar a quedar mal todos y a no afrontar los problemas.

Esa estupidez confusionaria ha dado pie a sistemas de educación tan desestructurados y permisivos, que incluso los mejores profesores caen víctimas de su propio celo. Como la profesora Carla en la película, a pesar de sus buenas intenciones, su buenismo es tan grande como su irresponsabilidad e inestabilidad emocional. Desautoriza a aquellos profesores que intentan aplicar las normas, es víctima de una agresión por parte de un alumno (Oskar) y no denuncia, se siente la justiciera del sistema cuando es solo una víctima más, arrogándose un activismo personal desenfocado, que agrava todo lo que toca.

La película es cierto que puede ser también considerada un drama psicológico, tal es su ambición un poco demasiado pretenciosa. En los 99 minutos de la cinta vamos asistiendo al show psicológico de la profesora Carla, que puede ser, en efecto, un símbolo de muchos profesores o profesoras supuestamente comprometidos, pero faltos de recursos, y posiblemente de habilidades personales, además de carácter.

Más que una profesora es una activista contra el sistema (que no es bueno, pero que ella hace peor), o sea, no viene a solucionar sino a agravar y a provocar mayores conflictos.

La película, en una tercera lectura, podría ser no solo un drama social-pedagógico, o psicológico, sino también sociológico, si lo vemos como metáfora del activismo en cualquier orden en que hoy se plantean: el supuesto activismo medioambiental, animalista, anti-arte, anti-bélico, antinuclear, anticapitalista, anti heteropatriarcal, o anti-X.

La educación no solo está mal, está mal toda esa representación de activistas y publicistas que empeoran las causas que dicen defender.

Fulgencio Martínez

Fulgencio Martínez

FULGENCIO MARTÍNEZ LÓPEZ nació en Murcia; es editor y director de la revista Ágora-papeles de Arte Gramático.

Profesor de filosofía, poeta, ensayista y autor de relatos. Ha publicado, entre otros, los poemarios La segunda persona (Sapere aude, Oviedo, 2021), Línea de cumbres (Madrid, ed. Adarve, 2019), Cancionero y rimas burlescas (Renacimiento Sevilla, 2014), León busca gacela (Renacimiento, Sevilla, 2009), El año de la lentitud (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2013).

Ha publicado la antología La escritura plural, 33 poetas entre la dispersión y la continuidad de una cultura, con textos en cinco lenguas españolas: vasco, catalán, gallego, español y sefardí. (Prólogo de Luis Alberto de Cuenca. Ars poética, Oviedo).

Es autor de un ensayo sobre la filosofía de Antonio Machado, publicado en la revista Symposium de la Universidad Católica de Pernambuco (Recife, Brasil). Y del libro de relatos El taxidermista y otros del estilo (Diego Marín, ed. Murcia).

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