Las nueve musas
Corrección de textos

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El 27 de octubre se celebra el Día Internacional de la Corrección de Textos, fecha que conmemora el natalicio de Erasmo de Róterdam, quien dedicó buena parte de su vida a esta labor muchas veces olvidada. Lo que sigue no pretende ser más que un homenaje.

 El corrector de textos es un profesional que se ocupa de velar por el buen uso de la palabra escrita y, como tal, debe tener una formación teórica y práctica que lo respalde. Por ese motivo, quienes durante mucho tiempo desempeñaron esta actividad fueron docentes de Lengua y Literatura, licenciados en Letras, filólogos, editores y periodistas con experiencia en redacción. Hoy en día —y vale decir que desde hace un tiempo— existen instituciones privadas que se dedican específicamente a la formación de correctores (en la Argentina, la Fundación Litterae y el Instituto Mallea son claros ejemplos de esto).

Los servicios que ofrecen los correctores son muy diversos y varían según su objetivo (corrección ortotipográfica, corrección de estilo, corrección de contenidos), el tipo de texto con el que trabaja, el tipo de cliente para el que trabaja y el soporte utilizado. En relación con esto, es necesario destacar que la corrección ortotipográfica y la de estilo, ya sea en papel, ya sea en formato digital, siguen siendo los trabajos más solicitados.

Dentro de las especializaciones existentes, se destacan la corrección literaria y la corrección de publicaciones periódicas (diarios, revistas, anuarios, etc.), aunque, a decir verdad, se advierte una manifiesta disminución de correctores en este último caso. Sin embargo, lo cierto es que alrededor de una cuarta parte de los profesionales no están especializados en ningún área y, tal vez debido a la necesidad de diversificarse para aumentar la cantidad de solicitudes, terminan por aceptar cualquier tipo de encargo.

Como bien puede inferirse de lo anterior, los problemas más frecuentes que enfrentan los correctores de textos son económicos (tarifas o salarios bajos, poco volumen de trabajo) y sociales (indiferencia, falta de reconocimiento social, soledad, etc.). Los problemas para publicitar y ofertar los servicios suponen otro aspecto importante, algo llamativo si tenemos en cuenta que la Web debería haber facilitado este aspecto del trabajo.

Con todo, las editoriales siguen siendo la principal fuente de clientes para los correctores; les siguen los escritores que financian su propia publicación y los estudiantes que preparan su tesis, y, por último, las empresas que poseen páginas web, aunque, por desgracia, muchas de ellas ignoran todavía los beneficios concretos que pueden obtener al contratar un profesional de la corrección.

En suma, quienes deseen dedicarse a esta noble (aunque solitaria[1]) profesión deberán consagrarse a ella en cuerpo y alma, es decir, no solo deberán contar con los esperables conocimientos de gramática y ortografía, sino también tener la voluntad de capacitarse permanentemente en otras áreas afines. Es importante lo que John Wilson, el legendario fundador de University Press, nos dice al respecto: «El verdadero corrector no debe ser solo un práctico tipógrafo, sino también un amante de la literatura; debe estar familiarizado con los clásicos de todos los idiomas, con los logros científicos y con cualquier tema que concierna a sus semejantes»[2]. Ojalá todos los correctores estemos algún día a la altura de tamañas exigencias.


[1] Si bien es cierto que el trabajo del corrector es siempre solitario, existen asociaciones —como UniCo, en España, o PLECA, en Argentina— en las que los correctores pueden intercambiar inquietudes y experiencias y mantenerse actualizados en todo lo concerniente a su profesión.

[2] John Wilson. The Importance of the Proof-reader: A Paper read before the Club of Odd Volumes, Cambridge, The University Press, 1901.

 

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con seis libros de poesía publicados, los dos últimos de ellos en prosa:
• «Por todo sol, la sed» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2000);
• «La gratuidad de la amenaza» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2001);
• «Íngrimo e insular» (Ediciones El Tranvía, Buenos Aires, 2005);
• «La ciudad con Laura» (Sediento Editores, México, 2012);
• «Elucubraciones de un "flâneur"» (Ediciones Camelot América, México, 2018).
• «Las horas que limando están el día: diario lírico de una pandemia» (Editorial Autores de Argentina, Buenos Aires, 2023).

Su primer ensayo, «Leer al surrealismo», fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Tiene hasta la fecha dos trabajos sobre gramática publicados:
• «Del nominativo al ablativo: una introducción a los casos gramaticales» (Editorial Académica Española, 2019).
• «Me queda la palabra: inquietudes de un asesor lingüístico» (Editorial Autores de Argentina, Buenos Aires, 2023).

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

Reseñas literarias

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