Las nueve musas
migración cultural

Área cultural andina: reflexiones sobre la migración cultural

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Un pueblo pierde su posición de liderazgo en la tierra que le pertenecía y “migra” —es decir, se ve obligado a vivir (sin mudar de lugar)— en un nuevo contexto cultural, al principio minoritario, pero luego mayoritario, permaneciendo en el mismo territorio, y modificando sus elementos tradicionales, adoptando ideas, hábitos y bienes materiales de los invasores extranjeros, que muchas veces no comprende con exactitud.

Por lo tanto, el término latín “mutatis mutandis”, es decir: “cambiando lo que se deba cambiar”, en este caso se puede aplicar por analogía. Quizás pudiéramos acuñar para este fenómeno el término “«intramigración» cultural por analogía”.

  1. La formación de una teoría en el marco de un contexto sociocultural

La historia es más una búsqueda humana que una investigación científica, en el sentido convencional del término, porque el pasado no se encuentra entre nuestras sensaciones, entre nuestros sentidos; solo podemos saber algo sobre las impresiones y percepciones de las personas acerca de los acontecimientos que vivieron, como en el caso de los incas, pero no podemos conocer sus sentimientos del modo que ellos los entendían en el marco de sus culturas. Y eso es lo que buscamos. Todos somos parte de la asombrosa secuencia en el espectro de la naturaleza y estamos geoculturalmente interconectados con el ecosistema al que pertenecemos. El suelo y su altitud —como los picos de los Andes en América del Sur— los vientos, las precipitaciones, las zonas nevadas y sus temperaturas (el clima de la papa chuño, alimento básico del altiplano boliviano, en contraste con el “clima del olivo” que caracteriza la cultura del Mediterráneo oriental, occidental y septentrional), empujan a las personas a crear culturas, que en algunos casos son similares, a pesar de la enorme distancia que las separa, o diferentes entre sí, desafiando su proximidad. Ambientes similares, pero en coordenadas geográficas distantes, inspiran diferentes reacciones sociales. Por lo tanto, la trayectoria histórica de una civilización está sujeta o incluso adaptada a la Naturaleza que la alberga, pero no es determinada por ella.

cultura andinaLos inmigrantes a veces conservan en su nuevo ambiente de vida los elementos de su cultura, así como los de su carácter colectivo. En otras ocasiones, los pueblos actúan como anfitriones de elementos culturales, tal como lo muestra el ejemplo de la “mit’a” —el traslado forzoso de personas hacia y desde la capital para el intercambio gratuito de trabajo que exigían los incas a los indígenas de las zonas remotas que conquistaban. Así, enriquecían sus conocimientos en asuntos de agricultura, métodos terapéuticos o bellas artes. Se ha registrado que algunas culturas viven en diferentes entornos naturales al mismo tiempo.

En el caso de los incas, podríamos referir la siguiente analogía: sus elementos se encuentran —debido al sistema social mit’a, mencionado anteriormente— en diferentes ambientes, como en el altiplano andino (puna) entre Perú y Bolivia y en las selvas tropicales nubosas del Ecuador o en la zona del río Urubamba, que está relacionada —en asuntos de la naturaleza, y también culturalmente— con la Amazonía. Sin embargo, en nuestra época seguimos observándolos vivos, aunque alterados, en la sociedad moderna de habla hispana del Perú y de los demás países andinos, como en las regiones del norte de Argentina y Chile. Esto se debe a la destrucción del imperio incaico por los conquistadores españoles en el siglo XVI después de Cristo. Así que hoy tenemos una especie de enclave cultural dentro de otro conjunto social. Quizás pudiéramos acuñar para este fenómeno el término “«intramigración» cultural por analogía”. (Tampourakis, I. 2021)[1] Un pueblo pierde su posición de liderazgo en la tierra que le pertenecía y “migra” —es decir, se ve obligado a vivir (sin mudar de lugar)— en un nuevo contexto cultural, al principio minoritario, pero luego mayoritario, permaneciendo en el mismo territorio, y modificando sus elementos tradicionales, adoptando ideas, hábitos y bienes materiales de los invasores extranjeros, que muchas veces no comprende con exactitud. Por lo tanto, el término latín “mutatis mutandis”, es decir: “cambiando lo que se deba cambiar”, en este caso se puede aplicar por analogía. Este hecho ha creado también un mestizaje a gran escala. Y hay un fuerte sincretismo —en el sentido religioso de este término etnológico, pero también en el cultural más amplio— que ha surgido a raíz de este encuentro violento: santos con un doble estatus (católico y totémico) -como el sacerdote/dios Katikilla (= el Seguidor de la Luna), que se transforma en Santiago (apóstol Santiago), o el Inca Atahualpa (Apu Inqa Ataw Huallpa), cuya muerte simboliza el martirio de Jesús y consecuentemente la purificación y el reconocimiento social (Kapsoli, 2001: 192). También existen, inter alia, préstamos lingüísticos (yuxtaposición de objeto directo e indirecto en la sintaxis española (leísmo) debido a influencias del quechua runasimi: Le / La encontré en casa acostada = Wasipi puñurisqa warmita tarirqani. (Tampourakis, 2020: 26)

nuevo contexto culturalLa literatura inca (como la obra teatral mestiza “La muerte del rey Inca y La Relación de Pomabamba”), tanto por su pasado relativamente poco conocido (a partir de referencias a textos españoles del Renacimiento, dado que no hubo escritura indígena), como por su entremezcla con los españoles, no es del todo claro para nosotros, p.ej. la figura de Quispicóndor, el „cóndor de cristal” (= buitre del continente americano), quien a pesar de su sagrada cualidad como líder de la raza en la cosmovisión andina, aparece en algunas versiones (Pomabamba) devorando al líder Inca Atahualpa, ejecutado por los conquistadores españoles. Debido a esta forma imperfecta en la que nos ha sido transmitida, la tradición incaica tiene un encanto diacrónico.

Pero veamos brevemente, a continuación, algunos hechos históricos y sociales básicos.

Llamamos „incas” a la cultura de los Andes prehispánicos que floreció entre los siglos XII y XIII, hasta principios del XVI n.e. Sin embargo, es un nombre por extensión; inca / inka / inqa significa “adorador del sol”. En los tres siglos de su reinado hubo en total 12 incas, es decir, emperadores (y algunos “títeres”): el primero fue el mítico Mallku Qhapaq (= el Rey Poderoso) y su esposa, Mama Oqllo, quien también era su hermana. Él fue uno de los cuatro hermanos Áyar, que emergieron de la cueva Paqariqtanpu (= hogar del sol naciente) y fundaron Tawantinsuyu (los cuatro reinos unidos entre los puntos cardinales), el imperio más grande de la América precolombina (950.000 kilómetros cuadrados), con tendencias unificadoras, (algo equivalente al término socioeconómico de la globalización), y con su capital en Cusco (Cuzco / Cusco / Qosqo = ombligo del mundo). Esta confederación presentaba una contradicción interna, a veces contraproducente, y otras veces complementaria: la mitad superior (Hanan) —el área perteneciente al pueblo conquistado por los líderes incas, quienes tenían deberes religiosos y políticos— y la mitad inferior ([H]urin) —de la clase dominante de los Sinchi (= generales militares), que estaba a cargo de los asuntos militares, pero dependía de los líderes políticos y religiosos de la ciudad alta. Este sistema fue luego explotado por los españoles para conquistar el Imperio Inca a través del concepto “divide y vencerás”. En la literatura teatral, hay personas que provienen de ambas divisiones urbanas: el sacerdote/espíritu divino Katekilla y dos generales: Calcuchímac/Challkuchimaq y Quisquis, que analizaremos a continuación. Como héroe civilizador, Mallku Qhapaq reunió a las cuatro tribus de Sawasiray, Allqawisa, Maras y Quechua (= cultivadores de la tierra) y les transmitió su cultura. En fin, les dio un origen y un nombre en común: quechua. Este nombre proviene del sustantivo kis(h)war, que significa “zona cultivable a una altitud de 3.600 – 3.800 metros”. También hay un árbol en la zona con este nombre. Entonces aquí tenemos una polémica: el líder divino como el Sol en la cima de los Andes y los campesinos como la tierra a sus pies. Después de la conquista española, el pueblo quechua adquirió el nombre despectivo “runas” (del sustantivo runa, que antes significaba simplemente: hombre).

en el mismo territorioComo mejor líder de todos es considerado el Inca Pachakuteq (= Universo Rotatorio / Mundo Alterno), quien logró derrotar a los chankas —el peor enemigo de los incas del templado Abancay— y avasallar al pueblo Qholla del Altiplano boliviano, cerca del lago Titicaca, que pertenecía al grupo tribal aymara, mientras que el Adorador del Dios Sol y Ave de la Felicidad Sapa Inqa Ataw Wallpa (Atahualpa) Yupanki, ha sido aprobado como el peor entre la nobleza incaica. Su esposa era Mama Warmi (= mujer). Aunque no ha sido registrado por todos los investigadores entre los 12 incas, se considera que causó la mayor miseria a su pueblo: involucró a su hermanastro, Sapa Inqa Wascar (Huáscar) Yupanki, en una intriga política que resultó en la muerte de ambos y en el hecho de no poder defenderse de los conquistadores españoles. Así, transgredió el protocolo real de la doble autoridad (2 hermanos o padre e hijo) que estaba vigente durante el dominio del imperio inca. Hablando de eso, debemos mencionar aquí el sistema llamado “panaka”: cofradías, podríamos llamarlas, dado que “pana” en quechua runasimi significa “hermana”, que disponían de influencia política y funcionaban casi como los partidos políticos actuales. Así, Huáscar contaba con el apoyo de la panaka, cuyo interés era la orientación de la sociedad hacia nuevos horizontes progresistas. Actuaba como un héroe cultural, como dice Joseph Campbell (1949: 69), que tuvo la iniciativa de derrocar al sistema. Según Pedro Pizarro —pariente del conquistador Francisco Pizarro— el Inca Huáscar propugnaba que se dejara de adorar a las momias (chullpa) de sus antepasados ​​y se procurase abrir nuevos caminos hacia el cambio radical de la sociedad andina. Era un comienzo del “mutatis mutandis” que no se pudo culminar: su hermanastro, Atahualpa, era el rey deificado, benefactor de bienes antiguos y poseedor del poder de creación y conservación. Así, la sociedad inca se encontraba en la encrucijada histórica de un renacimiento. Un renacimiento que no pudo producirse, debido a la intriga entre los dos hermanos, con el pretexto de usurpar las tierras del Ecuador.

Los generales militares Challkuchimaq y Quisquis, primero llevaron a Huáscar a presenciar la ejecución de sus familiares, luego lo encarcelaron y finalmente lo ejecutaron. Atahualpa había dado estas órdenes, en cuando él era prisionero de los españoles. Mientras tanto, Quisquis había ocupado Cusco y había asesinado a muchas familias nobles asociadas con Huáscar. La tribu Kañar(r)i, indignada por la masacre sufrida por las tropas de Atahualpa, se puso del lado de los españoles. Los conquistadores nombraron como Inca a Tupaq Wallpa —otro hermano de Atahualpa y Huáscar— quien murió envenenado dos meses después. En ese momento, el conquistador español Francisco Pizarro, hijo ilegítimo de un noble extremeño, que se dice que cuidaba cerdos, culpó a Challkuchimaq, el general militar de los incas. El general Quisquis luchó contra el español Hernando de Soto y el indígena Manqu Inqa Yupanki, pero no logró nada importante, porque fue asesinado por su jefe guerrero, Wayna Palqon. En fin, Manco Inca, habiendo entendido los planes de los españoles, inició una revolución, con el objetivo de recuperar las tierras incaicas. La guerra civil entre los dos hermanastros (Atahualpa & Huáscar) terminó con la ejecución del primero por los españoles, después de que ellos, pretendiendo apoyar a Huáscar, lograron penetrar desde la parte norte del imperio, que es el actual Ecuador. En la obra teatral renacentista de la muerte del Inca (Relación de Pomabamba), esta ejecución se presenta como una decapitación, simbolizando el honor y la dignidad de Atahualpa, cuya sangre regresa a su Madre Tierra natal (Pachamama). Hechos, todos estos, que tienen muchos paralelos en diferentes culturas de la Humanidad. Solo cambian los nombres… Como diría el historiador Fernand Braudel, todo está interrelacionado, sin repetirse, por supuesto, entre el pasado y el presente. La historia no tiene una dirección circular, ni es una línea recta o ascendente, como dicen los investigadores con opiniones políticas de derechas o de izquierdas.

Hay un complejo adverbio griego antiguo, compuesto por los substantivos “bous” (= buey) + “strofí” (= giro, vuelta), que indica el movimiento del buey al arrastrar el arado: una vez hacia la derecha y otra al revés. Así se escribieron los versos de la antigua poesía helénica del período arcaico. Y así va el camino que sigue la trayectoria histórica de la Humanidad. En este texto usamos dicha analogía para mostrar que algunos eventos históricos, que observamos como puntos en ambos extremos de este patrón repetitivo, son comparables pero no idénticos.

Según algunos investigadores, la civilización de los incas no fue muy agresiva (como su contraparte azteca en México central), y se caracterizó como la “socialista” de su tiempo por los beneficios sociales que disfrutaban sus súbditos. Esta teoría, sin embargo, es refutada si consideramos que dichos beneficios se deben a la solidaridad entre los miembros de los asentamientos ayllu —que también son núcleos familiares— y no al cuidado estatal (Favre, 1972: 42). Por supuesto, había almacenes públicos, donde se recolectaban diversos productos, que se distribuían a fin de lograr la energía de los recursos humanos, y ampliar el sistema de redistribución entre las áreas conquistadas. Por este motivo, se realizaban censos e inventarios detallados, basados ​​en un sistema decimal; se registraban en forma de nudos en cuerdas, y se denominaban “qhipu”.

Elementos tradicionalesEstos “ábacos de contabilidad” funcionaban mediante un método silábico en la lengua aglutinante quechua runasimi (= boca humana de los cultivadores de la tierra), que ha producido una importante poesía en diversas formas. Se estima que aproximadamente diez millones de personas hablan hoy en día el idioma de los incas como su lengua materna en seis países y regiones de América del Sur: el suroeste de Colombia, Ecuador, principalmente en Perú, en partes de Bolivia y en el norte de Argentina y Chile, mientras que un gran número de personas en estos los países la hablan como segunda lengua además del español. Aunque ya no se acepta la asociación filogenética del quechua con el aymara, hablado por unos 2.500.000 indígenas bolivianos, los lingüistas coinciden en que, por hechos históricos, ha habido una influencia mutua entre las protolenguas de ese grupo. Por lo general, tienen similitudes obvias: ambas son aglutinantes, es decir, los sustantivos y los adjetivos no se declinan y los verbos no se conjugan, sino que alternan sus funciones con prefijos, afijos y sufijos. También se caracterizan por la sintaxis SOV, es decir, “Sujeto – Objeto – Verbo” y colocan los morfemas, que expresan las preposiciones, después de los sustantivos y adjetivos (NP). Además, hay un 20% de similitudes semánticas, lo que puede indicar un fuerte bilingüismo. Sin embargo, no sabemos de cuál de los dos idiomas proviene este vocabulario. El quechua arcaico apareció probablemente en el primer milenio antes de nuestra era. Se divide en dos dialectos principales: kichwa shimi I waywash y qhechwa II wampu. También se distingue en tres variedades: A, B y C. Entre ellos, el quechua wampu chínchay sureño II C cusqueño-boliviano, es el idioma imperial oficial del Cusco, en el sur del Perú, desde el siglo XII hasta el XV n.e., en el que se creó la poesía inca clásica (no podemos decir „se escribió”, dado que su tradición cultural era oral). Hoy en día, los lingüistas han adaptado los símbolos internacionales de la fonética a los sonidos de esta lengua, con el fin de facilitar el estudio de su literatura.

Esto debería hacernos pensar sobre nuestra capacidad, como pueblos de la cultura escrita, para almacenar, comprender y recordar un vasto cuerpo de conocimientos, en comparación con las culturas de la tradición oral. Por otro lado, sin embargo, también debemos tener en cuenta el hecho de que una lengua sin un sistema de escritura corre el peligro de desaparecer sin dejar huella en su literatura clásica.

La fonética quechua se basa en sonidos guturales: tiene, por ejemplo, seis tipos de sonido „k”: k, k ‘, kh, q, q’, qh, según el volumen y el punto de la parte posterior del tracto vocal que lo crea.

Los morfemas, es decir las unidades mínimas aislables, adheridos a los lexemas (por oposición a los antes referidos), completan su significado en términos de modo y voz activa o partícula apasivante, tiempo, evolución y velocidad, lugar y distancia, (en movimiento o no), sujeto, objeto directo e indirecto, atributo, número o cantidad, posesión, negación u oposición, afirmación o aceptación, interrogación y solicitud de autorización, certeza o inseguridad, totalidad o división, declinación, manera, medio, experiencia y conciencia, obligación, honor y sentimiento, finalidad o incluso sinergia y causa del acto o del concepto -específico o abstracto- que se enuncia, o está en relación con otros vínculos gramaticales y sintácticos. Incluso los verbos auxiliares son sílabas o fonemas en medio de palabras. La principal preocupación de este lenguaje, entonces, es la precisión de la declaración. Por eso su traducción es difícil, y en ocasiones es imposible relacionarla hasta con el griego clásico. Además, la traducción, y especialmente de la poesía, siempre quita el encanto de los significados. Una obra traducida ya no pertenece a la literatura de la lengua fuente —en la que fue escrita originalmente—, sino que pasa, de alguna manera, a la literatura de la lengua anfitriona (meta), a la que fue traducida.

Es interesante mencionar aquí una regla de la gramática quechua, según la cual, los verbos tienen un tipo instantáneo y otro continuo, solo en su forma afirmativa, mientras que en la negativa se limitan al instantáneo. Ejemplo: takini = yo canto en general, I sing (en inglés). Takishani = estoy cantando ahora, I am singing (en inglés). Manan takinichu = no canto, no estoy cantando, I am not singing (en inglés). Todo junto en un tipo verbal negativo. No existe el tipo „manan takishanichu”. Y esto se basa en la mentalidad de este pueblo (cada lengua, al fin y al cabo, es la expresión de una mentalidad cultural), en su filosofía, podríamos decir, que es (por casualidad) paralela en este asunto con la aristotélica, y dicta que el “no ser” no existe, ni en el espacio ni en el tiempo; es la ausencia de propiedad o acción. Si hay negación, entonces la realidad o la verdad deja de existir. Por lo tanto, el verbo griego antiguo “estí” (= ser, existir, estar presente, hacerse), “to be” en inglés, y “kay” o “-sha-” en quechua, que forma el presente continuo, el cual desaparece en la negación. Es impresionante considerar también la formación de formas verbales:

tapu = morfema del concepto “preguntar”

tapuy = infinitivo del verbo preguntar

tapuni = presente del indicativo en primera persona del singular (yo pregunto)

tapuykuni = pregunto conscientemente y teniendo el honor

tapu(y)kushani = tengo el honor de preguntar ahora conscientemente

tapu(y)kuspa kani = estoy en posición honoraria para preguntarte ahora conscientemente

tapuyuni = pregunto de manera ritual

tapuyki = te pregunto a ti

tapuyukusayki = tengo el honor ritual de preguntarte

tapuyuykimanchu = ¿puedo preguntarte una vez?

(Los dos últimos tipos se utilizan en el lenguaje de cortesía.)

Además, es interesante la sintaxis de la lengua clásica de los incas que, al igual que el japonés y el turco, coloca el verbo al final de la oración. En otras palabras, se crea un fenómeno análogo al alemán llamado “Endstellung”:

—Noqa wayñuta Qosqopi páywan tusushani.

—Yo „huayño” el, Cusco en, ella con, bailo estoy.

Es decir: ahora estoy bailando al ritmo de huayño con ella en Cusco.

Hoy, el quechua híbrido sigue la sintaxis española: sujeto-verbo-objeto.

cultura de los incasPasemos ahora a otro campo más agradable: la literatura. La cultura de los incas se caracteriza principalmente por la métrica en verso. Doce son los principales tipos de la poesía inca:

  1. haylli: himno triunfante religioso, agrícola, político o militar, que sobresale en la cúspide de los ritos, el famoso Intiqraymi, en honor al dios Sol. Tiene la forma de diálogo con predominio de voces masculinas y contrapartes femeninas.
  2. arawi: balada romántica, lírica por excelencia, que elogia al amor. Es una melodía bailable y se divide en tres tipos:

2.a. haray arawi: para el dolor del amor,

2.b. sank’ay arawi: para expiar la culpa sexual, y

2.c. warihsa arawi, o kusi, o sumaq arawi: para las alegrías y los gozos del amor.

  1. wayñu o huayño: combinación de poesía, música y danza. Presenta, metafóricamente, sutileza, pero también el coraje.
  2. qhashwa
  3. taki (= canción)
  4. samakueka
  5. qhaluyu

Estos cuatro tipos también son eróticos, pero más festivos y menos sofisticados.

  1. wawaki: poesía de amor, pero también mágico-religiosa, para proteger a la tierra cultivada de los desastres naturales.
  2. wanqa: es la poesía por excelencia de los incas del Perú, más cercana al arawi de los aymaras de Bolivia. Presenta formas relacionadas con la elegía europea. Se utiliza como pieza fúnebre para despedirse de los caminantes o de los difuntos.

También cabe mencionar aquí el drama teatral aránway —que trata sobre los hechos de la vida cotidiana— y que luego recibiría influencias españolas a partir del siglo XVI. La elegía es muy apreciada porque presenta hechos históricos dramatizados, como la “muerte de Atahualpa”. Los poetas yarawí o arawiku componían los poemas melódicos para el teatro, donde los actores saynataruna realizaban los diálogos en verso con máscaras saynata. Guamán Poma de Ayala menciona la danza de la llamaya, que representa a los pastores con los llamas —los camélidos andinos—, el harawayo —la danza de los campesinos—, el kachiwa, es decir, la danza de la alegría, y agrega que „si estos bailes no fueran acompañados de mucha bebida, podríamos decir que representaban la expresión de la felicidad absoluta.” Para no expandirnos más, solo mencionaremos que la música de los Andes es pentatónica y se interpreta principalmente con instrumentos de viento —que imitan el viento de las montañas— y también con instrumentos de percusión.

Analicemos ahora los elementos de la obra teatral titulada “La muerte de Atahualpa”, que tiene algunos de los elementos del aránway del período renacentista, y es una muestra más de la “intramigración” cultural.

El subtítulo —que indica su lugar de origen, y por consiguiente las diferencias que presenta en comparación con las otras versiones— es: “La Relación de Pomabamba”. En otras áreas aparece con diferentes títulos. Dicho trabajo es bilíngüe (dialecto norteño waywash quechua y español renacentista). Este bilingüismo se debe a la población mestiza de la región de Pomabamba. Los diálogos están en prosa. Se trata de un histórico dramatizado de la ejecución del último emperador Inca Atahualpa por el conquistador español Francisco Pizarro. Se desconoce el autor y su cronología, pero probablemente provenga de un mosaico de versiones locales del siglo XVI n.e., es decir, de los primeros años del dominio español. Tales obras (así como el drama de Ollantay) tienen valor folclórico, más que literario o ético, y son presentadas por comparsas folclóricas en celebraciones religiosas; esta versión es de la fiesta de San Juan Bautista de Pomabamba, en la provincia peruana de Áncash, que se celebra el 24 de junio. En otras áreas, esta presentación tiene lugar en días festivos de otros santos católicos y en diferentes fechas. Comienza a las 2 de la tarde y acaba a las 6 de la tarde.

Las reacciones de los espectadores difieren según la región: en Pomabamba halagan al Inca, cuando él baja de las montañas sagradas en su litera, acompañado por sus cortesanos. Es importante mencionar aquí que el alcalde del pueblo tiene el papel teatral del emperador Atahualpa, para darle el debido prestigio. En otras zonas (Piscobamba), un chamán, llamado Ruku, teniendo en mano un roedor andino (cuy), que se utiliza en la medicina tradicional con fines terapéuticos, predice el drama que sigue. Comienza la parodia del juicio del último emperador, y luego, según la región, dos personas se ridiculizan: el joven indio Tupaq Amaru (al que despectivamente se le llama Felipillo), que hace el papel de traductor y doble espía, o el conquistador español Francisco Pizarro y su atuendo grotesco con su espada que forman una cruz cristiana en el mango (armas, las dos, que han destrozado el imperio incaico), en contraste con los trajes elegantes de los incas finamente tejidos y bordados con buen gusto y en colores terrestres.

Pedro de CandíaUna figura importante en esta obra, que jugó un papel importante en la conquista del Imperio Inca por los españoles, es Pedro de Candía, quien nació en la isla griega de Creta, probablemente en 1484, y murió en Perú (Chupas) en 1542. Era un aventurero que había adquirido la ciudadanía española pero se llamaba El Griego (no: “El Greco”). Llegó a nombrarse primer alcalde de Cusco y luego de Lima. Fue uno de los “Trece en la Isla de Gallo”, es decir, miembro del equipo que acompañó con éxito a Pizarro en el descubrimiento y conquista del Perú. Recibió del emperador Carlos I de España y V de los Habsburgo (del Sacro Imperio Romano Germánico) el título honorífico de Grandeza más prestigioso de España, que sigue después del heredero al trono. Físicamente, se describe en las crónicas de la conquista como muy alto, corpulento, de piel blanca y rostro grecorromano, con ojos claros. Fue adoptado por una familia noble de Venecia, cuando quedó huérfano en su infancia, durante un ataque otomano al castillo veneciano de la actual Heraklion. Luego se trasladó con sus hermanos a Italia, donde creció en la mansión de su tío de ascendencia aragonesa. Después de su servicio militar en el norte de África, se casó, pero pronto dejó a su esposa para embarcar rumbo al recién descubierto Panamá. Durante las misiones de reconocimiento al sur y durante una sublevación de los soldados españoles, Pedro se puso del lado de Pizarro. Cuando Pizarro tuvo que regresar a España para resolver algunos problemas de administración y suministro, Pedro lo apoyó fuertemente y logró para sí mismo otros cargos, oficios, remuneraciones y una licencia para fabricar cañones. En Cajamarca, la sede del trono de Atahualpa, cuando el Inca se acercó con sus nobles seguidores, se paró en una fortaleza que estaba en la plaza. Pizarro ya estaba allí, acompañado por Pedro de Candía, tres soldados y dos trompetistas, junto con la artillería, que también contaba con dos pequeños cañones, listos para disparar en cuanto se les diera la orden. En total, los españoles eran solo 200 personas. Cuando llegó el momento, solo uno de los dos cañones, el que había fabricado Pedro, disparó, ya que el otro estaba dañado. Sin embargo, el ruido que hizo, junto con el de los fusiles y las trompetas, fue tan ensordecedor, que aterrorizó a los indígenas. Inmediatamente, la caballería golpeó a la multitud de 7.000 indios que rodeaban al Inca en la plaza. El resultado psicológico fue abrumador y contribuyó decisivamente al arresto de Atahualpa. Encarcelado, el Inca ofreció por su libertad un enorme rescate en plata y oro, parte del cual recibió Pedro. Posteriormente, —apoyando como siempre a Pizarro—, contribuyó a la derrota de Diego de Almagro, quien era opositor político de Francisco Pizarro. Pero luego, insatisfecho con su viejo amigo, Pedro se unió —junto con su yerno, Agamenón— a las tropas de su oponente, Almagro, a quien ayudó con el apoyo de un grupo de griegos, llamados levantiscos, quienes contaban con el apoyo de algunos indígenas. En la batalla de Chupas, en 1542, Almagro mató con sus propias manos a Pedro de Candía, pensando que su ex amigo lo había traicionado.

En otras regiones peruanas, aparece el papel teatral del español Diego de Almagro, opositor político de Francisco Pizarro, que pierde el ojo en una batalla. En el pueblo de Viscas, cuando el Padre Valverde de la obra teatral antes referida exige que el Inca Atahualpa adore la Biblia, y él se niega, los espectadores se levantan e, identificándose con el emperador, le gritan: —¡Dale duro!, ¡dale duro!; también ¡al cura! Y ¡a esos cachacos! (es decir, a los conquistadores españoles y, en consecuencia, a los gamonales [hacendados] modernos y las autoridades estatales que los apoyan). Así, expresan de forma interactiva su descontento con la funesta vida cotidiana que sufren por culpa de las autoridades locales, comparándola con el sombrío pasado de su cultura. En esa misma zona, la obra también presenta a Huáscar, el hermanastro asesinado del Inca Atahualpa, quien —junto con las princesas (ñusta)— cantan un lamento, explicando que la muerte del emperador es como la semilla sagrada del maíz, que el hombre planta en la tierra para que se regenere.

Quispicóndor —el cóndor de cristal— viste un traje exótico y en la espalda alas de cóndor que se despliegan en forma semicircular. Cuando aparece en el escenario, la música se vuelve extraña, extática. Junto a él, un niño, también disfrazado de pequeño cóndor, sigue a su “padre”, aprendiendo a cazar su presa. El cóndor, esta majestuosa ave andina, simboliza al líder sagrado de la tribu quechua. Pero cuando Quispicóndor encuentra al Inca muerto en el escenario, lo devora, creando así una atmósfera de alegría entre los espectadores, que hasta ese momento lamentan junto con las Pallas —el coro de las mujeres. En otra versión de esta obra, en el pueblo de Quinches, cerca de Lima, el muerto Atahualpa es enterrado de manera cristiana, y mientras las princesas acompañan al cuerpo, los conquistadores españoles —encabezados por el padre Valverde (el sacerdote católico), intentan estuprarlas. Algunas versiones atrevidas de la historia latinoamericana, como la que ha escrito Eduardo Galeano, relatan que este continente ha sido violado desde su conquista, hasta hoy en día.

música pentatónicaBolivia siempre ha sido de particular interés: además de su entorno natural único y su música pentatónica, interpretada con los toyos —los instrumentos de viento— las zampoñas y los charangos de cuerdas —hechos de caparazón de armadillo—, era y sigue siendo un crisol de culturas populares. En Corocoro, un pueblo de mineros al este de La Paz, todos los años el 14 de septiembre, el día de la Ascensión de Jesús, según los mormones, se organiza el baile de tres días de Rimac Inti, el “Sol que habla” —o los “12 incas”, que simboliza la conquista del imperio incaico por los españoles. Por lo general, las danzas de este tipo se inspiran en la fiesta ibérica de “Moros y Cristianos”, que representa la Reconquista de las tierras cristianas de parte de los Reyes Católicos Fernando e Isabel de Castilla y Aragón, que desde el año 711 hasta 1492 estuvieron en manos musulmanas. El verso es trilingüe: aymara y quechua, y se basa en los textos en español de los libros de historia de la escuela primaria. Según esta variante, Atahualpa elige a tres mujeres como esposas, que se transforman en deidades del sincretismo religioso: Santa Elena / diosa de la lluvia y el rayo, Santa Teresa / princesita y deidad del fuego, del hambre y de la pobreza, y la Pachamama, la Madre Tierra / diosa de la plata y la Luna. Ellas dan a luz a seis seres: tres hijas y tres hijos, llamados Qhori-Amaru, que significa Serpientes Doradas. En esta versión teatral, el sacerdote no se llama Katikilla, sino Willa-Wisa. Ve un sueño, donde vienen unos hombres con cabeza de gallo y barba como cola de caballo, y con su llegada levantan una nube de chispas. (Esas apariencias se representan con las hermosas máscaras teatrales bolivianas, que con su forma elaborada y simbolismo mitológico, nos recuerdan tipológicamente a las de Indochina.) Estos monstruos llegaron —en el sueño del sacerdote— desde el mar, para matar al Inca Atahualpa y conquistar el imperio del Tawantinsuyu, porque todo allí estaba hecho de oro y plata. El Inca, entonces, responde que no permitirá que esto suceda y que con su poder convertirá todas las riquezas del imperio en polvo, niebla y viento, para que los tesoros no caigan en manos de los españoles. Pero cuando el cura católico Valverde le entrega la Biblia a Atahualpa para que la venere, este no reconoce la escritura (no olvidemos que los incas fueron una de las culturas de tradición oral, sin sistema de escritura, sino con ábacos de nudos, atados en cuerdas llamadas qhipu), y diciendo que son garabatos de pájaros, tira el libro al suelo. Esta es la razón de su captura por parte de los conquistadores, y esta versión también aparece en el texto de Pomabamba. A fin de que lo liberen, el Inca Atahualpa ofrece dos salas llenas de plata y una de oro, pero -—según el folclore boliviano— Pizarro recibe una orden del rey español Carlos V de matar al Inca a la hoguera. (= Elemento de la Santa Inquisición). El cura Valverde, sin embargo, lo condena al estrangulamiento. (Vellard y Merino, 1954).

Un cronista peruano nativo del Cusco, durante el reinado, Felipe Guamán Poma de Ayala (1534-1615) dijo:

La derrota significa la destrucción de las tradiciones antiguas en todas partes. Incluso los indígenas, que ofrecieron su apoyo a los españoles para utilizarlos como herramienta al servicio de sus intrigas políticas, vieron a sus aliados,  volverse contra ellos e imponerles la ley cristiana. En consecuencia, los dioses murieron en todos los lugares [del imperio]. El trauma de la conquista se define en parte como saqueo, como la decadencia del universo ancestral.” (Ayala, 1936, comp. & transcr.)

Sin embargo, una cultura que ha sido destruida no puede revivir y regresar a su forma y estado originales. En algunos casos —como en Grecia, después de 2000 años de influencia romana, bizantina y otomana— puede crear nuevos híbridos. Lo mismo ocurre con la cultura incaica en los Andes. Desafortunadamente, las grandes civilizaciones después de su destrucción producen un folclore de ínfima calidad, una “joya kitsch” de un nacionalismo autista y estéril… Y lo peor es que este “nacionalismo popular” todavía se enseña en las escuelas hoy en día, como una versión utópica de la historia, según la cual, la sociedad precolombina de los Andes era ideal, armoniosa, justa y progresista. ¿Acaso no hemos experimentado incidentes educativos similares en nuestros países?…

Toreo

  1. Una “intramigración cultural diacrónica: segunda etapa

El escritor y antropólogo peruano José María Arguedas Altamirano (1911-1969) profundizó en los grandes dilemas, ansiedades y esperanzas de la doble civilización en la que vivió. Habló de los préstamos y del enfrentamiento entre los dos extremos de este sincretismo cultural: la “soledad secular” de la sociedad quechua y la arrogancia de los españoles, descendientes de los conquistadores. Analizó la creación artística de este híbrido etnológico de los Andes. Según Arguedas, la muerte de Atahualpa marcó el fin de la literatura quechua.

Luego, la cultura andina se despidió de su universo cultural y fue condenada a 5 siglos de esclavitud, cuya evolución se perpetúa hasta en nuestros días. Así comenzó el dolor silencioso del alma india, que se expresa a través de su música.

José María Arguedas Altamirano
José María Arguedas Altamirano

Hijo de una aristocrática familia de mestizos, Arguedas, quedó huérfano de su madre en la edad de dos años. Sus contactos con su padre fueron escasos, debido a sus obligaciones profesionales, mientras mantenía una relación problemática con su madre y su hermanastro. En la década de 1920, su padre perdió su puesto jurídico, debido a una contrariedad política, por lo que se vio obligado a andar errante por todo Perú para poder sobrevivir profesionalmente. Su madrastra, en aquella época, mandaba al pequeño José María a dormir con los criados indígenas de la mansión, donde su padre lo encontraba en condiciones miserables cuando regresaba de sus viajes en busca de trabajo. Estos hechos traumáticos contribuyeron para que el pequeño muchachito se acercase a la cultura quechua. Fue en ese ambiente donde aprendió el idioma runasimi, y ​​cuando creció tradujo algunas obras de la literatura incaica, tras haber estudiado literatura y etnología en la universidad. Los sufrimientos de su infancia perdida, sin embargo, no terminaron ahí. Él también tuvo que seguir el destino del subcontinente latinoamericano: la huella abominada del abuso sexual, que, como se mencionó anteriormente, ha perseguido a estas sociedades durante 5 siglos. Él mismo no fue violado, pero su hermanastro lo obligó a presenciar, a esa tierna edad, la violación de una pariente, que además era madre de un compañero suyo de clase. Desafortunadamente, esa no fue su única experiencia traumática, ya que su hermanastro tenía muchas amantes. La figura tiránica del hermano se distingue en la obra literaria de Arguedas en el carácter del hacendado (gamonal) agresivamente lujurioso. Desde el primer momento en que mi medio hermano me vio, no le gusté, dijo. —Y eso sucedió porque él tenía rasgos de mestizo, mientras que yo tenía la piel blanca.

En este punto hay que mencionar la mentalidad de los mestizos, en relación con los indígenas y los blancos, tal como la registran los etnólogos: Los mestizos —considerados como indios occidentalizados— tienen como ideal controlar sus vidas. Los indios tienden a aceptar pacientemente los hechos. Los mestizos dominan las cosas de la vida. Los pueblos indígenas se adaptan a la vida comunitaria. Los mestizos son agresivamente individualistas. Los indios reprimen su ego. Los mestizos se emborrachan con su machismo. Pero los machistas se han dado cuenta de que las mujeres tienen una gran inteligencia y capacidad, y es por eso que los hombres machistas usan su machismo como un salvavidas para su redención. Los machistas están siempre entre dos mundos: el de los indios, que han dejado atrás y no pueden regresar, porque no son plenamente aceptados, y el otro, el de los blancos, que nunca podrán alcanzar, porque tampoco son completamente aceptados.

indios occidentalizadosLos dos años más felices de la vida de Arguedas fueron los que pasó haciendo labores agrícolas con sus seres queridos, los quechuas, cuando se escapó de la casa de su madrastra. En 1937, fue encarcelado por protestar contra un comisionado del dictador italiano Benito Mussolini. Posteriormente ocupó cargos importantes en el Ministerio de Educación y el Museo Nacional de Historia, y se hizo profesor en la Universidad de San Marcos, en Lima. Su estado emocional, sin embargo, lo llevó al suicidio.

José Carlos González Boixo afirma que el entorno vital del latinoamericano es un mundo marcado por circunstancias geográficas e históricas, un mundo en el que las personas adquieren una tez especial, mientras que al mismo tiempo se presentan bajo una cadena de presiones: la violencia, que acaba siendo expresada físicamente, o la falta de amparo de parte del gobierno, llamado así en una generalización el concepto; la propia religión, que en lugar de ser ella la puerta de salvación que buscan —sea por mal entendida, o porque se identifica con la Iglesia como institución, que tampoco les ayuda— significa para ellos la brecha de amparo. Es, además, la misma violencia, que como una fuerza atávica les domina, convirtiéndolos en víctimas y verdugos de sí mismos. La vida humana en este mundo se presenta como un fracaso absoluto, como lo demuestra la falta de comunicación entre las personas, que es particularmente evidente entre padres e hijos, o en el sector amoroso. La consecuencia de esto es la pérdida de la esperanza, que también percibimos como la búsqueda del hombre para un mundo mejor. Los latinoamericanos, ahondando en estos problemas vitales, llegan a colocarlos al borde entre la vida y la muerte, en un último esfuerzo por encontrar la respuesta que salvará a la Humanidad. La conclusión es negativa, aunque algunos aspectos dejan abierto un camino a la esperanza.

Rebajas
Yawar Fiesta (VIENTO SIMUN)
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La primera novela de José María Arguedas, titulada: Yawar Fiesta (= La fiesta de la sangre), fue escrita en 1941 —cuando él tenía 26 años de edad— en un estilizado lenguaje popular del Perú, enriquecido con modismos locales de los Andes y con préstamos léxicos del idioma quechua de los indígenas contemporáneos. Esta obra pertenece al estilo literario del indigenismo, es decir, prosa al estilo de los nativos. Se desenvuelve en la década de 1930 o posiblemente en la de 1920, en una villa llamada Puquio, en la provincia de Ayacucho, en los Andes peruanos, y cuenta la historia de una corrida de toros, como la hacían en Perú, con un cóndor (símbolo de los incas), atado al lomo de un toro (símbolo de España). Esta forma estuvo vigente hasta la década de 1940. La corrida, que en español se deriva del verbo correr, en Perú se llama „turupukllay” y es una palabra compuesta, del sustantivo español „toro”, pero escrito según la pronunciación india, y el verbo quechua pukllay = juego / deporte. Cualitativamente, es la mejor obra de Arguedas, en la que el autor nos ofrece una mirada auténtica a la vida moderna de los indígenas del Perú.

Esta obra encaja como continuación de la primera obra que hemos referido en este artículo, donde vemos la caída del imperio incaico. Además, la tauromaquia también es un espectáculo, al igual que el teatro. Y aquí cabe referir de nuevo la teoría de la “intramigración” cultural por analogía: el tema de la corrida constituye el epicentro de la lucha entre los descendientes de los incas y los españoles, pero también del conflicto entre las clases sociales. Es momento y razón para la plena aplicación del mutatis mutandis —del cambio de lo que se deba cambiar: cultural y socialmente; las costumbres que preservan un status quo que no respeta la vida. Arguedas se inspiró, cuando en una semejante corrida vio al torero indio ser desmembrado por el toro. Según la costumbre, el toro —que es capturado en estado salvaje, y no pertenece a ninguna finca, como es el caso de España— debe enfrentar hasta doscientos indios en un gran campo, sin vallas de protección. El ambiente se complementa con las trompetas wakawak’ra (cuerno de vaca o toro) y la música bailable del huayño, el aguardiente, el uso de dinamita para matar a los toros, y las decenas de indígenas destripados. En esta narrativa, vemos los esfuerzos del gobierno peruano por abolir esta costumbre salvaje y permitir solo la tradicional corrida de toros de la manera española. Pero también vemos la arbitrariedad de los hacendados locales, que vivían parasitariamente en detrimento de las comunidades indígenas, bajo el amparo del gobierno corrupto. Como resultado de esta situación, la capital peruana, Lima, se inundó de inmigrantes indios que protestaban por el abuso de poder de parte de la clase dominante.

La miseria de las masas analfabetas, la codicia de la oligarquía, las armas al servicio del dinero y los partidarios del progreso encarcelados o exiliados; es un temario común y corriente, pero que subraya —hasta hoy en día, 80 años después de haberse escrito esa importante obra— la vida cotidiana del Perú y de toda América Latina. Y la única forma de que los pobres tengan voz propia es a través de la violencia. Lo que Sabine Hargous solía decir en la década de 1960, lo vemos hasta en nuestra época, cuando viajamos a estos países, o, todavía más, cuando experimentamos su vida cotidiana, habiéndonos establecido allí como miembros de una familia local: delante del hacendado, el agricultor, y delante de su jefe, el trabajador, —licenciado o no— debe comportarse como un esclavo ante un señor feudal medieval. La menor desviación en la pronunciación del habla española con las partes del discurso que declaran subordinación, automáticamente margina al residente extranjero fuera de la sociedad. Y lo mismo ocurre con los lugareños también. A menudo vemos los resultados de esta situación: levantamientos armados de las clases populares, como el del Sendero Luminoso, que en 1980 lanzó ataques, que llevaron al Perú casi a la guerra civil. Nos referimos a estos hechos, no para apoyar a alguna orientación política, de izquierdas o derechas, sino para exponer un modus vivendi, que tiene sus raíces en este continente desde hace quinientos años (y no solo). Existe una leyenda zen, según la cual, cuando un monje budista recibió la iluminación y decidió soltar a los grillos que le cantaban en una jaula de porcelana, ellos, en lugar de volar hacia la libertad, murieron, porque no supieron manejarla… Creemos que el hombre puede liberarse solo actuando individualmente. Porque, ¿qué es el “héroe-libertador”? ¿Quizás el próximo dictador? (Y no mencionemos aquí ejemplos de la historia moderna mundial; esto molestaría a muchos lectores…)

incasEsperamos que este artículo y esta obra literaria incentive la abolición de las corridas, esta tradición que, según una errónea visión arqueológica, había pasado pacíficamente de la Creta minoica a la Península Ibérica como “taurocatapsia”. Es hora de reaccionar enérgicamente y movilizar las entes legislativas de la Unión Europea y la comunidad internacional para acabar con esta tradición sangrienta, que Ernest Hemingway describió también erróneamente como “la lucha del hombre por sobrevivir en paralelo con la naturaleza”. Por el contrario, es un ataque humano a la naturaleza, una demostración de pseudo-hombría y tortura inútil de los animales que, de hecho, no son carnívoros y, cuando están en su entorno natural, no atacan a los humanos. La antigua tradición española de dar como trofeo al torero el rabo y las orejas del toro muerto, y comer sus criadillas (testículos) como plato típico y, peor aun, la costumbre peruana, según la cual cosían en el lomo del toro vivo una tela gruesa tejida con diversos adornos y luego la rasgaban para llevársela como recuerdo, dejando al toro sangrando, y atando un cóndor en su lomo para que devorase las heridas del afligido animal, el cual finalmente era asesinado con dinamita, son un insulto a la civilización. Vergüenza de la humanidad, al igual que la de la guerra. Porque, como la guerra, la corrida no es una defensa del hombre contra un enemigo; implica una agresión, como la de los soldados, quienes, aunque luchen por defender a su país, no dejan de cometer actos de violencia en detrimento de la población civil. (Y son muchos los ejemplos de este hecho que nos da la historia mundial.) La costumbre española de que el torero sea completamente analfabeto y dedique su montera, a la condesa o duquesa que él quiera en las graderías del anfiteatro, mientras su esposa reza en la capilla por su vida, y la costumbre peruana, según la cual, cien o más aldeanos de las comunidades indígenas atacan a un solo animal indefenso, y no en una arena especialmente diseñada con las medidas de seguridad adecuadas, sino en la plaza de cada aldea, resultando en víctimas humanas (por no ser diestros), degradan el espíritu humano. Mantienen la mentalidad popular a un nivel cultual bajo. Y todo esto en un entorno geográfico-humano profundamente religioso… En Portugal, las cosas parecen un poco más suaves, dado que ya desde 1836, durante el reinado de María II, el toro no se mata en público, sino después del final de la corrida, que allí se llama “tourada”. El resultado, sin embargo, es el mismo: hipocresía… Al fin y al cabo, los “cavaleiros” y los “forcados”, desde su posición segura sobre los caballos (influencia de las justas medievales) y con las lanzas en la mano, hacen esa lucha desigual. Finalmente, en Costa Rica, donde las leyes protegen estrictamente la fauna (y la flora), la corrida de toros se hace como un “rodeo” de tipo norteamericano, con el torero persiguiendo al toro con su lazo y tratando de quedarse el mayor tiempo posible cabalgando sobre su lomo, mientras el animal lucha por deshacerse de él. Está prohibido herir al toro allí, pero incluso este “juego”, en un lugar donde el público grita agresivamente y las luces encandilan al animal, es una tortura de un alma que no solo no daña al hombre, sino que —por el contrario— le ofrece alimento y le ayuda en el cultivo de la tierra. Uruguay fue el primer país en dar un buen ejemplo, poniendo fin a la corrida de toros en 1913.

invasión o colonizaciónEsperamos también que, con artículo, los lectores hayan penetrado en la mentalidad de estos pueblos y puedan reflexionar sobre la eterna pregunta: ¿Cómo nombrar a este encuentro de culturas, es decir, el judeo-latino con el de los indígenas? El año 1492 presagiaba la llegada de la edad moderna, a través del encuentro de estos dos mundos, que unieron su destino histórico por ambos lados del “Mare tenebrosum”, como se refiere el Océano Atlántico en los mapas antiguos. El hombre, al descubrir al “Otro”, en el sentido etnológico del término, logró redescubrirse a sí mismo. ¿Descubrimiento, encuentro, conquista, invasión o colonización? Estas palabras y muchas más podrían usarse como correctas, pero cada uno de los dos pueblos —españoles e indígenas— elegirá según su propio punto de vista histórico. Para el eurocentrismo, todas estas palabras expresan la necesidad de que este continente se expanda hacia países imaginarios y mundos utópicos, que luego, en el siglo XX, se vuelven “distópicos”, como la literatura homónima que trata de regímenes totalitarios.

En los 500 años transcurridos desde la época de Cristóbal Colón hasta hoy en día, los pueblos amerindios y los latinos de la península ibérica están en proceso de evolución mediante una ósmosis, en la que, sin embargo, se distinguen los dos polos: el  de los que tienen y el de los que no tienen —los dos extremos de quienes cruzan los caminos del conocimiento, y de los otros, que no logran encontrar sus raíces. En conclusión, la “intra-” o “inter-” migración cultural por analogía —ese hibridismo de la humanidad— muestra elementos interesantes, pero el dolor fluye por sus venas…


Arguedas, José María (ed.) (1963). La soledad cósmica en la poesía quechua. La Habana: Ed.    Casa de las Américas.

Bennett, Wendell (ed.) (1954). Ancient Arts of the Andes. Nueva York: Ed. Museum of             Modern Art.

Boero Rojo, Hugo (ed.) (1991). La civilización andina. La Paz: Ed. Alcegraf.

Campbell, Joseph (ed.) (1949). The hero with a thousand faces. Nueva York: Ed. Bollingen       Foundation Inc.

Favre, Henri (ed.) (1972). Les Incas. París: Ed. Que sais-je? Nr. 1504.

Fernández Armesto (ed.) (2000). Civilizations. London: Ed. MacMillan.

Kauffmann Doig, Federico (ed.) (1978). Manual de arqueología peruana. Lima: Ed. Peisa.

Lara, Jesús (ed.) (s/f) El teatro en el Tawantinsuyu. Mimeo.

Metraux, Alfred (ed.) (1962). Les Incas. París: Ed. Seuil

Millones, Luis y Kapsoli, Wilfredo (eds.) (2001). La memoria de los ancestros. Lima: Ed. Universitaria  Ricardo Palma.

Poma de Ayala, Felipe Guamán (comp.) (1936). Nueva crónica y buen gobierno (códice  peruviano illustrato),       París: Travaux et mémoires de l´Institut dÉthnologie.

Pottier, Bernard (comp.) América Latina en sus lenguas indígenas. Caracas: Unesco / Ed.           Monte Ávila.

Tampourakis, Ilías (ed.) (2007). Antología de la poesía de los Incas. Atenas: Ed. Roés.

Tampourakis, Ilías (ed.) (2009). Civilizaciones precolombinas y Grecia antigua: diversidades.   Atenas: Ed. Bookstars.

Tampourakis, Ilías (ed.) (2020). ¿Cómo se dice y cómo se diría mejor? Atenas: Ed. Amazon.

Web: Rimani, rimanki, riman, runasimita rimanakusunchisyá,

[1] Esta teoría se presenta por primera vez aquí.

Última actualización de los productos de Amazon en este artículo el 2021-08-05 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

Ilias Tampourakis

Nació en Atenas (Grecia) y creció en el seno de una familia griega con raíces internacionales.

Ha enseñado español y portugués en la Facultad de Idiomas de la Universidad Nacional I. Kapodistrias de Atenas y en los seminarios culturales de la Unesco en Grecia.

Traductor en el Cuerpo Diplomático de América Latina en Atenas y escritor de artículos y libros con temas culturales.

Representa al comité de arte de la Alianza Sociocultural Latinoamericana y Española en Grecia y era durante varios años columnista del boletín social africano en Atenas.

Ha dedicado un largo período al estudio de las civilizaciones de Asia, la filosofía y la naturaleza de este continente.

Además, ha estudiado el análisis morfosintáctico de 12 idiomas, investigando la mentalidad cultural que ellos revelan.

Certificado de los seminarios de paleografía española y oriental de las Universidades de Harvard (EE.UU.) y Complutense (Madrid); depositó (el año 2014, en colaboración con la Universidad de Colorado, EE.UU) su obra pertinente en los archivos estatales de Plasencia (España).

Ha estado viajando durante 30 años por 76 países del mundo, fotografiando y coleccionando piezas musicales y otras curiosidades

Ha vivido trabajando con su familia en Costa Rica (América Latina).

Considera que el conocimiento es substancial solo cuando se combina con la experiencia, y se niega a conformarse con cualquier tipo de opresión.

Cree que el hibridismo cultural proyecta varios elementos interesantes pero que, a la vez, corre en sus venas el dolor.

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